No me sentía bien. salí de esa casa con la idea de no volver nunca, una idea estúpida y poco coherente, en algún sitio habría que comer y dormir y no estaba dispuesta a guarecerme en un arbusto de cualquier parque. me quedaba algo de dignidad. caminé por las calles sin nada concreto en la cabeza. quizá tomar aire fresco me curase un poco la enfermedad, quizá me entrase sueño. no consigo dormir. me pregunto cuántos años más aguantaré de esta manera sin ingresar en un manicomio. dicen que el insomnio acaba pudriéndose tanto que te provoca alucinaciones, visiones extrañas, cosas fuera de lugar. me inquieta la idea de llegar hasta aquí, pero es factible: van pasando los años. he perdido la cuenta. bueno. no hay nada que hacer y tampoco quiero volverme una drogadicta, ya dije que me quedaba dignidad, una estúpida, muy estúpida. giré en dirección Sol. no sé por qué, pero me encantaba ese lugar; si eres de Madrid sabrás qué quiero decir. a todo el mundo le gusta andar por allí sin hacer nada especial. cuando llegué, me entró la risa. las luces artificiales se reflejaban en el suelo, no había nadie por allí salvo parejas cogidas del brazo, todo en silencio, quizá interrumpido por algún coche, no sé. daba un aire romántico totalmente falso. Madrid no es romántico, sincero. es una máquina de almas rotas, un hospital gigante envuelto con un papel muy atractivo. pensé en ello mientras atravesaba la plaza y me perdía por algún callejón que no reconocí. iba demasiado borracha para entender mis pasos, está claro. me acordé de gente. ¿cuántas veces me he encontrado con personas en esa boca de metro? ¿cuántas de ellas se acordarán de mi silueta esperando cada vez que pasan por allí? en fin, es todo muy triste y no soy capaz de digerirlo. quizá una cerveza me alivie, pensé, y entré en un bar oscuro. la gente no está acostumbrada a ver a una chica sola y joven bebiendo en la barra sin nada que decir. es como que les da vergüenza ajena salir a hacer su vida sin un acompañante, y les incomoda verlo. yo lo hago todo el rato, no me queda otra; no me gusta nadie. en lo más profundo y negro de mí, esto es una certeza. que se queden en sus casas, en sus discotecas, en sus camas follando, en sus parques, en sus escuelas, no me interesa. cada uno va a lo suyo.
mi idea era beberme una, pagar y volver a casa; no sucedió. por el contrario seguí pidiendo y bebiendo como si fuese una medicina desagradable que hay que tomar. noté en la cara del hombre que empezaba a preocuparse. hizo un amago de hablarme pero lo corté rápido; no quería que tirasen del hilo. cuando bebo es extremadamente fácil hacerlo. es un problema serio, ¿sabes? he destruido en segundos amistades por ese sincericidio mío. que se jodan. que se jodan todos. otra más y nos vamos. un total de quince pavos o más, no sé. me voy a arruinar. me levanté del taburete y de un salto bajé al suelo, notando que se me había subido la falda. antes de irme se me acercó alguien. seguro que es por mi culo, tengo un buen culo, me dije, pero no era eso exactamente;
—oye, ¿qué te pasa?
—¿eh?
—bueno, te he visto sola y no sé, em... ¿qué tal? ¿va todo bien?
—ah, es eso. sí, tranquilo.
hablamos un rato en la puerta del bar. para mí era una situación incómoda, ridícula e innecesaria, pero notaba en sus ojos que realmente se estaba interesando, lo cual me halagó. no hubo nada inusual en sus palabras, no llamó mi atención lo más mínimo, y aún así le pedí que me acompañase a casa. en el camino de vuelta hubo alguna risa, preguntas y demás estupideces ingenuas. conforme íbamos llegando me imaginé cómo sería en la cama. tenía cierto morbo, no nos vamos a engañar. pero hoy no, hoy no me apetece un carajo, solo quiero encerrarme y morir. qué idiotas y tiernos son los tíos. enséñales un cacho de culo y sé sincera, no habrá mucho más que decir. las tías saben eso, en lo profundo de su ser hasta las más imbéciles conocen esta información y la aplican, ya lo creo que la aplican. luego la gran mayoría se harán las locas como si no hubiesen roto un plato. qué asco de mundo. el engaño y la embaucación en cada segundo. me despedí en el portal de forma neutral, él se decepcionó, yo subí las escaleras. es el fin de otro día inmundo. me tiré en el colchón, observé el techo un rato, pensando, siempre pensando. luego vomité. a ver qué se cuece mañana.
“depression is boring, i think,
and i would do better to make
some soup and light up the cave.”