me senté al borde de la cama y eché la ceniza al suelo. no quería pensar demasiado, pero todo apuntaba a que debía reflexionar, darle vueltas a la gran cosa. esperé en silencio a que algo pasase. a que llegase una especie de luz que me hiciese entender en qué términos estaba moviéndome, hacia dónde gritaba el viento. nada especial ocurrió. estaba demasiado vieja, cansada, lenta, desilusionada, arruinada. tenía la sensación de aguantar en los párpados el peso de cincuenta años. simplemente, nada iba bien. nunca fue bien. intenté la relación humana. ¿qué era eso, en realidad? nadie entendía ni sabía moverse por ese extraño mundo, y, aún así, les salía decentemente. no como a mí. pero lo acepté con la poca dignidad que me quedaba. tomé una decisión. aquello se convirtió en un infierno, pero era mucho más soportable que la mayoría de las cosas. unos entraban, se cegaban, se quedaban un rato. luego se iban. era demasiado, y yo sabía aquello; lo sabía desde el primer contacto. y como todo en esta vida, supongo, esperé a que llegase la traca final. esperé con paciencia y apagué el cigarro con los dedos. amanecía en alguna parte. la sensación era similar a cuando me despierto todas las mañanas y arrugo el morro, algo desagradable, ya sabes. la gente llega, te chupa el alma y se larga con un mal sabor de boca. y me parece bien. a veces me pregunto el sentido de la existencia, para qué me han diseñado, cuál es mi papel exactamente. y creo que es ese; algo así como un puente entre realidades que termina por desaparecer en la niebla de diciembre. algunos, muy pocos, idiotas y enfermos como yo, perduran en el tiempo: en mi tiempo. doy las gracias por eso: aún sabiendo que no había ninguna oportunidad, decidieron dármela. calentaría las entrañas de cualquiera, lo justo y necesario para seguir andando en la oscuridad, os lo aseguro.
destiné muchos años de mi vida a entender tu despedida. ¿sabes? a veces no hay explicación. la gente hace cosas extrañas. desde este lado se ve incomprensible, absurdo. todo parece seguir el mismo patrón, pero ese patrón tiene una frontera que jamás podré traspasar. porque yo no entiendo los sentimientos, los actos irracionales. no entiendo a los seres humanos, y cada día quiero hacerlo menos. sencillamente no funcionamos de la misma manera. no sé bien qué coño soy yo. por mucho que intentase pertenecer a ese circo no funcionaría. en fin, todo eso.
una vez más brindo con mi naturaleza. todo acabó.