existen diferentes sabores a soledad. unos son más dulces; otros, más amargos. los hay picantes y los hay ácidos. creo que puedo presumir de conocerlos todos bien, si es que acaso se puede presumir de eso. en pocas semanas he ido desligándome de las cosas que, aparentemente, importaban. de las que me preocupaban en todo momento, de las que podían cambiarme la vida de manera brusca. y así fue. este año no se presenta agradable, para variar. echando la vista atrás me entran ganas de llorar. ¿sabes por qué? ya he hablado de esto antes. hablo de esta mierda constantemente, y no me extraña que la gente se harte de mí, no conozco otro tema de conversación. pero es lo que hay, supongo.
ayer me sentí fuera de onda. algo iba mal. se notó especialmente ácido; estaba perdiendo los papeles. ¿por qué era así? ¿dónde quedó esa mujer fría y dura como el hielo?
supongo que no siempre se puede fingir. y de veras que lo intento, pero no se puede; todo acaba pesando más de lo que debería.
si tuviera que definir la peor de las soledades probablemente sería aquella en la cual estás frente a la persona que quieres y no puedes evitar detestarla. en esos momentos agarrarías tus cosas y adiós, pero no hay manera de hacer eso. los pies se te anclan al suelo y solo deseas desaparecer. es tan profunda y destructiva que ni siquiera salen las lágrimas. que ironía. suele sucederle a las personas como yo que se sienten más solas e incómodas cuando están rodeadas de otra gente. en fin.
ni siquiera tengo ganas de escribir.
que ardan.