No lo entendía. Estaba fuera de mi alcance, fuera lo que fuese. Miré por la ventana y me fijé en la risa de los demás, en su forma de caminar, de toquetearse el pelo al hablar de sí mismos, todo eso. Parecía tan sencillo para ellos el asunto de la felicidad. Con beber cuatro cervezas y tocar culos bastaba. Con gastarse el dinero en materialismos estúpidos bastaba. Con recibir un beso, una caricia, un mensaje al puto teléfono bastaba. Con ir al trabajo o a la escuela todos los días bastaba.
Pero no para mí.
Injusticia, eso era. ¿Hasta dónde tendría que llegar para conseguir esa eterna sensación que la vida les había regalado?
Tan solo esperaba que, cuando me tocase a mí, viniese sin más; que la felicidad me embriagase hasta tal punto que se sintiera como una bala atravesándome el cerebro, rápida y limpia. Parándome a pensarlo eso era lo peor. Porque si la muy hija de puta llamase tímidamente a mi puerta, la recibiría semidesnuda, borracha y llena de cicatrices; y sin lugar a dudas la mandaría a tomar por saco de una patada.
domingo, 26 de octubre de 2014
viernes, 24 de octubre de 2014
?
¿Soy lo que queda de los huesos que no pude romper, o todo lo que está roto ya?
¿Soy lo exterminado o el exterminador?
¿Soy las letras de los libros o el espacio en blanco que hay entre ellas?
¿Y si mi concepto del yo, tal y como lo veo, estuviese formado por ambas opciones?
La senda de la autodestrucción se convierte en algo ajeno a la razón cuando es vista desde lejos. Solo aquellos que la estudian en profundidad, por elección o imposición, con sus características y sus espantosas contradicciones, llegarán a comprender de qué se trata, en qué consiste y el por qué de su existencia.
Esto es lo que hay dentro.
¿Soy lo exterminado o el exterminador?
¿Soy las letras de los libros o el espacio en blanco que hay entre ellas?
¿Y si mi concepto del yo, tal y como lo veo, estuviese formado por ambas opciones?
La senda de la autodestrucción se convierte en algo ajeno a la razón cuando es vista desde lejos. Solo aquellos que la estudian en profundidad, por elección o imposición, con sus características y sus espantosas contradicciones, llegarán a comprender de qué se trata, en qué consiste y el por qué de su existencia.
Esto es lo que hay dentro.
viernes, 17 de octubre de 2014
you+me
quiero sentir que estás aquí,
que estoy aquí,
que estamos juntos en el mismo lugar
quiero verme en los espejos,
verte en mis manos,
en mis ojos
quiero tocar el mundo
y que el mundo me toque a mí
sentir que estoy viviendo
y no
durmiendo
todo el rato
quiero dejar de escribir porquería
dejar la bebida, el tabaco
la música que induce al llanto
las películas torcidas
los callejones oscuros
todas esas cosas
ya sabes
sí,
lo sabes mejor
que nadie.
que estoy aquí,
que estamos juntos en el mismo lugar
quiero verme en los espejos,
verte en mis manos,
en mis ojos
quiero tocar el mundo
y que el mundo me toque a mí
sentir que estoy viviendo
y no
durmiendo
todo el rato
quiero dejar de escribir porquería
dejar la bebida, el tabaco
la música que induce al llanto
las películas torcidas
los callejones oscuros
todas esas cosas
ya sabes
sí,
lo sabes mejor
que nadie.
viernes, 10 de octubre de 2014
Oh.
Si hay algo de lo que ningún ser vivo puede escapar es el tiempo. Parece que no terminamos de acostumbrarnos a ver pasar las agujas del reloj, a las noches y a los amaneceres, a los finales del año. No entendemos ni queremos entender que todo tiene un principio y un final. Quizá el problema sea aferrarse demasiado a las cosas, idealizarlas, imaginar que siempre estarán ahí. Hablo de las relaciones con las personas, sobretodo. ¿Hay algo más aterrador que desprenderse de alguien a quien, en algún momento, llegamos a necesitar?
Suelo pensar mucho en todo esto.
Una vez comprendí que todo lo que empieza, se desarrolla y muere. Y no hay nada que pueda detener ese proceso.
Te tenía. De veras. No era capaz de imaginar aquél corte en el tiempo, aquél final. Ah, final; qué palabra más espantosa. De la noche a la mañana todo acabó y los recuerdos empezaron a pasar corriendo por delante de mis ojos. Ya no había nada que hacer.
Tal vez sea impotencia. La rebeldía tan humana de ignorar su humanidad, de resistirse a la vida y a sus leyes destructivas. Posiblemente sea ese sentimiento de desesperanza y soledad cuando las cosas se terminan, cuando las relaciones se diluyen; cuando te miro y ya no te veo. Porque a pesar de compartir conversaciones, de dormir juntos, de tener lazos aparentemente indestructibles, yo ya he visto cómo se está muriendo. ¿Y qué queda, entonces? ¿La resignación? ¿La apatía?
Sinceramente no soy capaz de determinar qué es más doloroso - si un final abrupto y precipitado o algo paulatino; pero si tuviese que decidirme, sin duda alguna elegiría la segunda opción. Porque lo sabes, porque lo sientes, porque lo hueles en el aire. Porque hagas lo que hagas ya empezó la cuenta atrás y eso que amas, admiras, necesitas o incluso odias, se evapora como el humo de un puto cigarro. Se va.
Y hay algo que me pregunto.
Cuando toda esa mierda decide desaparecer, ¿a dónde se marcha? ¿a dónde vamos nosotros?
"Y ya, tumbado otra vez en el lecho del desorden, observaba los pequeños astros luminosos que colgaban del techo en mitad de la oscuridad, escuchando cómo se repetía en la siniestra habitación cerebral de mis archivos más secretos, una y otra vez, aquella sentencia; del azul del cielo al negro de la nada."
Suelo pensar mucho en todo esto.
Una vez comprendí que todo lo que empieza, se desarrolla y muere. Y no hay nada que pueda detener ese proceso.
Te tenía. De veras. No era capaz de imaginar aquél corte en el tiempo, aquél final. Ah, final; qué palabra más espantosa. De la noche a la mañana todo acabó y los recuerdos empezaron a pasar corriendo por delante de mis ojos. Ya no había nada que hacer.
Tal vez sea impotencia. La rebeldía tan humana de ignorar su humanidad, de resistirse a la vida y a sus leyes destructivas. Posiblemente sea ese sentimiento de desesperanza y soledad cuando las cosas se terminan, cuando las relaciones se diluyen; cuando te miro y ya no te veo. Porque a pesar de compartir conversaciones, de dormir juntos, de tener lazos aparentemente indestructibles, yo ya he visto cómo se está muriendo. ¿Y qué queda, entonces? ¿La resignación? ¿La apatía?
Sinceramente no soy capaz de determinar qué es más doloroso - si un final abrupto y precipitado o algo paulatino; pero si tuviese que decidirme, sin duda alguna elegiría la segunda opción. Porque lo sabes, porque lo sientes, porque lo hueles en el aire. Porque hagas lo que hagas ya empezó la cuenta atrás y eso que amas, admiras, necesitas o incluso odias, se evapora como el humo de un puto cigarro. Se va.
Y hay algo que me pregunto.
Cuando toda esa mierda decide desaparecer, ¿a dónde se marcha? ¿a dónde vamos nosotros?
"Y ya, tumbado otra vez en el lecho del desorden, observaba los pequeños astros luminosos que colgaban del techo en mitad de la oscuridad, escuchando cómo se repetía en la siniestra habitación cerebral de mis archivos más secretos, una y otra vez, aquella sentencia; del azul del cielo al negro de la nada."
"Ya ha pasado un tiempo desde que fui a verte
No sé donde, pero no estás conmigo
Escuché una voz, como un eco
Pero venía de mí."
Suscribirse a:
Entradas (Atom)