martes, 30 de septiembre de 2014

¿Y qué sucede entonces cuando el amor decide abandonar?

Cuando nos volvimos a ver sentí algo extraño. Sentía que ya no sentía lo mismo por ti. Aquél día hicimos las mismas cosas que solíamos hacer cuando estábamos juntos. Cenamos, bebimos buen vino, dimos un paseo, nos acostamos. ¿Dónde estabas? ¿A dónde te fuiste? Por fuera parecías el mismo, pero lo de dentro... no sé qué era. Pensaba en ello como si me hubiesen arrebatado una parte importante de ti. Era triste. Muy, muy triste.

Tuve que hacer una elección. Adaptarme al nuevo cambio, aceptar que esto siempre pasa con las personas, o morirme de pena.
Creo que escogí lo segundo.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Enumeraciones desde otro planeta, segunda parte.

Empecé a cansarme de estar cansado. Gota a gota se inundó mi habitación de miseria, de hastío, de decepción. No comprendía cómo era posible que todo se repitiese constantemente. Las mismas sensaciones que ayer, la ya conocida tristeza, la nostalgia por cosas que ni siquiera habíamos vivido. Las ganas de vomitar al despertarse, los rincones oscuros y los cristales empañados. Todo eso me robaba el espacio, me robaba el jodido aire. Sentía como si mi mundo se dirigiese sin control hacia un precipicio. 
Era demasiado, mucho más de lo que cualquier ser vivo podía soportar. Me acerqué a la ventana con la idea de tirarme. Y lo que hice fue tirar mi vida. Mi vida antigua, mi vida vieja; las hipocresías de una sociedad enferma, las cortesías, la ética. Tiré por la borda todo en lo que creía. Me deshice sin miramientos de las televisiones, de los móviles, de los ordenadores, las cámaras de fotos y los periódicos. Lancé al vacío tus fotos y tus cartas, tus poemas, tu basura embustera. Tiré por la ventana a mis amigos y a mis enemigos. 
Sencillamente, me desconecté del mundo. No podía continuar viviendo en un sitio tan poco apropiado para mí.

Entonces cogí muchos libros. Eso fue lo único que conservé. Historias que valían la pena, información necesaria para alcanzar el conocimiento pleno de uno mismo, o por lo menos intentarlo. Palabras que merecían ser leídas por unos ojos como los míos. Y así, poco a poco, fui desentendiéndome de todo aquello que salió volando. 
No me interesaba la política, ni los sucesos, ni los terremotos. No me importaba lo más mínimo la violencia de género, los atracos, los abrigos de pieles de animales, los bosques quemados, las guerras. No me preocupaba la muerte de un familiar, la moda de las calles o el precio de la comida. ¿Y saben por qué? Porque yo estaba al margen de todo eso. Porque yo entendía la vida tal y como era, algo atroz y repugnante, algo cruel. Porque sabía que el hombre era el cáncer y la mujer el sida y no quería tener nada que ver con ninguno de los dos.

Me quedé lejos de desear amar y ser amado. Me quedé muy lejos de sentir ganas de follar o de besar. Tan solo me apetecía tumbarme, leer un poco y beber cerveza. Y ya. Todo lo demás podía irse a tomar por saco.




"that i couldn't conceive a position in which life would not be a misery, that we are all created to be miserable, and that we all know it, and all invent means of deceiving each other. 
and when one sees the truth, what is one to do?"