"Toma lo que te da la vida, y acéptalo."
No existen mejores profesores que los años que se van acumulando a la espalda. Que las experiencias que vamos viviendo, los momentos que se quedan grabados a fuego en la retina. Si eres un poco espabilado aprendes deprisa que este juego va de adaptarse; de modificar la forma en base al molde que nadie te obliga a tener salvo tú mismo. En definitiva, veo la vida como resignación. Resignación a unas circunstancias. Al conformismo más amable y deprimente que pudiera imaginar. A encoger los hombros ante una nueva decepción que, en el subconsciente, ya había sucedido antes. A apretar los dientes y respirar hondo para evitar las lágrimas y seguir un día más, un año más aquí. A contenerse ante la ira, ante los celos, ante la venganza, ante las ganas de alzar la voz. He conocido a muy pocas personas capaces de sobrellevar todo esto, y francamente, a más poder de adaptación, mayor fortaleza. ¿No es así?
Hay noches en las que me paro a pensar que nada de esto es justo.
Que la vida no es justa nos lo han repetido mil veces. Y últimamente bajo la mirada; escojo el camino que tan bien he aprendido.
Probablemente tú, que me estás leyendo en un rato de no hacer nada, o quizá porque me echas de menos, o sientes curiosidad, no sé, créeme cuando te digo que eres bastante afortunado. Sólo por el hecho de no haber nacido con una jodida piedra en cada zapatilla; por no inhalar humo, por no asfixiarte bajo los rayos del sol. Por no sentir pánico en cada verano, por no huir de las primaveras. Por no sentirte el ser más miserable y gilipollas de toda la cuidad.
La gente con ganas y fuerza para revolverse a las cadenas que ellos mismos se han colocado me provocan una leve risa triste. Si fuese un poco más sencillo... si tuviese, aunque solo fuera, un 1% de esperanza... quizá podría intentarlo.
No creo que suceda jamás.