Cuando empecé a racionalizar mi vida, a una edad cercana a los 5 años, entendí que no pertenecía a este lugar.
5 años más tarde, inevitablemente, encontré un sitio al que pudiera, quizá, llamar hogar.
Internet siempre ha sido mi puerta a la comodidad, a la tranquilidad, al dominio y al control. Si me conoces un poco sabrás que no me gusta la gente. Es un gran esfuerzo para mí soportar el peso de la relación a largo plazo si es en persona. Gracias a internet puedo ser yo misma y desarrollar sentimientos positivos por alguien a la vez que me resguardo del contacto físico. Porque puedo disfrutar de la soledad y, a la vez, conversar con alguien. Es un poco paradójico, supongo. Aquella noche estaba buscando algo y no sabía bien qué era. Me topé con un grupo de música japonés que sólo se conocía en Asia y en América Latina. En el primer momento en el que escuché una sola de sus canciones se me inflamó el corazón; algo había vuelto a encajar. Los mecanismos se movieron hacia una dirección que siempre había estado marcada en el mapa; lo único que debía hacer era descubrirlo.
Me sentía extremadamente desgraciada, sola y perdida. No tenía ni un solo amigo. No tenía a nadie más que a ti para hablar del tiempo, de mis inquietudes, de lo mucho que odiaba mi vida. De que me sentía asfixiada en un mundo que no estaba hecho a mi medida. Me comía la ansiedad, el suicidio. Era como un pájaro encerrado en la jaula equivocada. Y en aquél momento supe que había jaulas mejores. Que tenía una oportunidad, solo una, de sobrevivir. Y que si me aferraba a la idea de traspasar toda mi desgracia a aquella cárcel de barrotes más bonita, quién sabe, quizá podría brillar con intensidad.
Fue ahí cuando tomé la firme decisión.
Casi doce años después no he cambiado de idea ni un solo segundo.
Es una seguridad. Es una certeza. No hay nada más allá. La gente tiene metas que se me antojan absurdas. Ya he escrito sobre ello: todo el mundo quiere ser feliz. Sabías de sobra que yo no podía aspirar a eso. ¿Sabes qué? Toda esta asquerosa sociedad siempre te hace creer que es lo único que importa. No es así. Desde el prisma contaminado de mis ojos te puedo asegurar que, para mí, hay cosas más importantes que eso.
Lo único que merece la pena realmente es excavar hasta lo más profundo y descubrir, de una vez por todas, qué es lo que me pasa.
Y sé que dentro de unos años, cuando vea completada mi meta, lo sabré.
Tal vez muera por el camino. Tal vez no pueda soportar el peso de mí misma y esté cavando mi propia tumba. Tal vez me decepcione y me desdibuje. Pero quiero llegar hasta el final.
Esto es jodidamente importante para mí, y ninguno de vosotros se hace una idea de hasta qué punto me duele el corazón y el cerebro por ello.
Esto es lo último que escribiré hasta que regrese, pero antes de marcharme del todo quiero que sepas algo: todo esto siempre ha tenido tu firma.
Now I'm old and feeling grey.
I don't know what's left to say about
this life I'm willing to leave.