viernes, 24 de abril de 2015

desde el establo

me pasa que a veces 
no pienso.
y es realmente extraño e inusual.
me paso las horas
meditando
analizando
razonando
buscando el cómo, el cuándo
el puto por qué.
últimamente también me pregunto
si me hará bien
y hará bien al resto.
si no estoy comportándome, una vez más,
como alguien a quien darías
de puñetazos 
hasta hartarte.

pero
a veces no pienso.

estamos en abril
y no recuerdo bien el día pero hace ya
semanas que actúo como
un
animal.
hago cosas de las que en
algún rincón más racional de allí
me avergüenzo
porque son mierdas que me
comprometen a otras.
y me hacen sentir
fuera de onda
estúpida
idiota
y algo menos mía.

la gente dice que dejarse llevar
es la cuestión sensata, la gran cosa.
pero cuando yo hago esto
solo veo
problemas. 

si la culpa y el sufrimiento y la ansiedad
y el aburrimiento y la incomodez
no estuvieran mareándome 
yo sería
un gran animal y
no tendría esa vergüenza tan
tonta
a ser detestable.


-r.h

miércoles, 22 de abril de 2015

.

"Nos somete el deseo, nos somete.

Nos somete si queremos rendirnos
a sus crueles envites: someternos
jamás nos permite, sometiéndonos.

Nos somete si tratamos de ahogarlo,
y con burla nos dibuja el fracaso.
Agonías, no treguas, nos ofrece.

Nos somete, pues, hagamos lo que
hagamos.
No fomenta ni estimula nuestra obra.
No añade nada hermoso a nuestra vida.

Nos somete el deseo, nos somete."

- ??

jueves, 16 de abril de 2015

Otra ronda

"La verdad es que no termino de acostumbrarme a separarme de ti. Nos ha pasado más veces, como a todo el mundo, pero en los últimos años me duele más. Quizá sea porque te siento con mayor intensidad o porque he aprendido que realmente quiero que estés. No sé. Creo que le pasa a más personas. Ya sabes, enredarse en las palabras y acabar mal, dejar pasar el tiempo, sentirse al revés. Veo tus cosas desde las sombras de los árboles y me quitan la respiración un rato. Mi mecanismo de aguante es bloquear todo lo referente a ti para que ni me roce, pero fallo, siempre fallo, y miro hacia los lados y algo va realmente mal.
¿Sabes? No tengo muchos amigos. Antes tenía más o eso me parecía. Supongo que cada vez me cuesta más conservar, no, mejor dicho, querer conservar a las personas. Apenas cuento nombres que me hayan acompañado a lo largo de los años y hayan soportado mi extraña forma de actuar. Si esos nombres empiezan a fallar, si yo empiezo a fallar con eso, ¿qué haremos?
... Es una de mis tonterías. Una simple llamada pegaría los trozos rotos. Ah, pero qué difícil es revolverse contra la naturaleza de uno y actuar racionalmente cuando lo negro te ha sumergido y lo sigue haciendo, y dejas que lo haga..."

domingo, 12 de abril de 2015

marrón

saco la cabeza de las sábanas.
está nublado allá afuera y parece que
va a llover.
gruño un poco: realmente
quería ver el sol
me hace sentir más conectada a una realidad.
vuelvo a meterme dentro de las sábanas.
olisqueo.
¿no lo oléis?
es una especie de aroma podrido,
nauseabundo, como si algo se estuviera
muriendo
debajo de todo.
me acostumbré. no me disgusta.
antes solo me llegaba cuando
estaba enferma;
ahora viene también en momentos de buena salud.
no sé qué significa.
el caso es que me quedo ahí
más de la cuenta, oliendo
esnifando ese olor a carne en mal estado
a frutas descomponiéndose,
a tierra mojada, a huesos quemados,
a sexo de ayer.

no huele bien pero
me gusta.

últimamente se sale de ahí y llega a todas partes.
saco la cabeza de las sábanas, después el cuerpo.
tengo que enfrentarme
a eso que llaman vida
otra
vez.

lunes, 6 de abril de 2015

Feels like heaven, feels like hell

Pensó en él. Habían pasado algunos años desde el primer chispazo; desde la primera vez que se sorprendió a sí misma imaginando algún encuentro ingenuo entre los dos. Antes las cosas eran un poco distintas. Quizá la gracia residía en los días cálidos llenos de secretos y confesiones nunca dichas, en las miradas comprometidas y la indecisión constante. Podría echarle la culpa al tiempo, destructor, asesino, psicópata imparable que deshace y convierte en migajas todas las cosas que entonces le importaban. Podría echarle la culpa a la vida, encargada infalible de trastocar sus planes, de darle la vuelta a las cosas, de enredar las calles de su mapa personal. Y a pesar de que tenía muchas ganas de deshacerse del lastre de la culpa que cargaba año tras año, no lo hizo. En vez de eso siguió llevándolo a la espalda, recordándose una y otra vez que todo podría haber sido diferente, quizá mejor; que el momento acabó y por mucho que intentase reproducirlo era imposible. Estuvo realmente deprimida ese año por eso. Más tarde, cuando las decepciones empezaron a llegar en tropel y se atragantó con la novedad de los celos, soltó un poco de peso por el camino. Entendía que era algo natural y necesario. Las cosas cambian y no tienen por qué volverse mejores. De hecho, la mayoría de las veces no lo hacen. 

Eso se dijo en voz baja cuando él la desnudaba con rapidez. Tenía un gran problema con eso que a todos encanta. No conseguía nunca desconectar, concentrarse en los besos, los mordiscos, el sudor, las babas, los suspiros, mierda, esas cosas. Pero estaba bien. Físicamente no era mejor o peor. Todo residía en su mente y en el lazo tan poderoso que había desarrollado con él. Le encantaba, sin más. Incluso lo necesitaba a veces. Y a pesar de que en mitad de las sábanas se cruzasen con ella estos pensamientos tóxicos, lo disfrutaba. No era tanto que se la metiera. No era tanto que se pasase un rato largo comiéndosela o lo que fuese. Ya no. El sexo no era tan importante, nunca lo había sido, y cuando estaba tan cerca de una de las cosas que más le gustaban en el mundo solo podía deleitarse con pequeños detalles. Sabía bien lo que le daba fuerza. Sabía bien qué tipo de cosas necesitaba cuando estaba sola y quería buena compañía. Hablaba de olores, de escucharle contener los gemidos, de sus restregones, de su maldita voz. Cuando se fijaba en estas cosas todo lo demás resultaba casi superficial. En fin, ella sabía que no debería tomarse esas cosas tan en serio, que no deberían afectarle tanto, alterarla, hacerle sentir miedo, preocupación, inseguridad infinita, dudas y pánico, pero era inevitable y, tal vez, en su retorcida mente, ella las hacía inevitables aposta. Su mayor vicio era generar luces negras y vacío para sentirse mal. Él siempre lo supo. Casi nadie lo entendía. Sea como sea, allí estaba tumbada con las piernas abiertas, unos cuantos kilos de carne encima y un olor agradable en su nariz. 

Realmente no era mejor que antes y se sentía morir cada vez que pensaba en que no había culpables ni soluciones ni asuntos pendientes. Parecía imposible fluir con la naturalidad de los acontecimientos, ya saben, subirse al carro de la vida y dejar pasar los años sin mirar atrás. Y aunque ella se sintiese constantemente perdedora en todos los aspectos de su vida, no lo era. A veces se preguntaba si estaba enamorada; si lo estuvo alguna vez en todos estos años. La respuesta a la segunda pregunta era sí, pero no un sí que hacía referencia a quien debería, sino a un total desconocido por el cual se volvió loca en algún momento de su vida menos gris que los demás. Y con respecto a la primera... quién lo sabe. Ella decía que las personas tan borrachas de sí mismas no pueden querer a nadie como deberían. Es posible. 

Ahora mismo solo sabía algo. Estaba bien metida en la intimidad de él y se sentía a salvo. Tuvo una especie de sensación, algo que la llevó a aquél parque, de noche, en mitad de un gentío que asistía a un concierto al aire libre. Algo que la llevó a ese verano, a esas miradas estúpidas, a esas promesas y a esas destructivas confesiones de amor. Y se sintió bien.

¿Te cuento un secreto?
Todo lo demás estaba fuera de mi campo de visión.
Podía ir de la mano de cualquiera sin fijarme en su nombre o el color de sus ojos,
porque, en realidad,
estaba demasiado ocupada acordándome de lo que realmente 
sentía mío.