al principio eran sombras molestas, formas abstractas, pura anormalidad
en las esquinas de mi habitación
yo creía a ciencia cierta que se trataba de mi insomnio, distorsionador de mundos, de realidades, como cuando estás borracho y todo va muy deprisa
y lo dejaba pasar.
después eran sonidos puntuales
cristal y pizarra arañados, pasos en la planta de arriba
sin que hubiera nada encima de mi cabeza salvo tejado y estrellas y quizá una luna
y nubes.
yo creía que seguía siendo cosa de mi insomnio, del cansancio y de los sueños
y lo dejaba pasar.
una noche salí enfermo al pasillo, abandoné mi refugio pestilente
a prueba de bombas
y los vi
con la misma claridad que tendría cualquier mirada al cruzarse durante un segundo en tu camino
o los sueños densos que nos hacen sudar.
se arrastraba la pobre criatura
sin piernas pero con brazos muy largos
dejando a su paso una hilera de lodo marrón y púrpura, como la sangre que
se vomita después de varias malas rachas.
sus movimientos eran arrítmicos y forzados, algo así como un espasmo y
posturas imposibles
y ese sonido monstruoso de cartílagos en movimiento chocándose entre sí
y la respiración casi asmática y gruñidos de alimaña.
se mostraba unos segundos hasta que apartaba la vista y salía de esa estúpida e inútil parálisis.
y lo dejaba
pasar.
a veces venían en forma de reptil humanoide, reptando como a cámara rápida
por todas mis paredes,
mostrándose con un poco de arrogancia y diciendo
-¡Eh, estoy aquí! ¿Puedes verme? He venido, he venido, he venido...
resultaba insoportable y gracioso y aterrador simultáneamente
y colgaba de su cráneo cabello enredado y largo
casi tan largo como sus brazos.
casi al final, sin respetar aquél pacto de nocturnidad, olores pútridos de muerte y caos
y cadáveres apilados en esa habitación angosta
me visitaban frecuentemente
mientras hablaba con alguien o me encendía un pitillo o me duchaba.
y, obviamente,
lo dejaba pasar.
sí.
lo dejaba pasar.
al final
de una forma u otra,
el miedo fue evaporándose junto a la confusión, el pánico y la angustia.
solo quedaba una extraña sensación de incomodidad en la comodidad
nostalgia, profunda
tristeza.
no importaba el escenario. aquellos infraseres fueron devorando lentamente
mi territorio y el de los demás para convertirlo en
el suyo.
vayamos a las montañas de la locura y dejemos pasar una y otra vez aquello que fuimos
somos y
seremos
una noche más.
viernes, 30 de enero de 2015
miércoles, 28 de enero de 2015
aquí viene de nuevo
Agregué el agua, removí toda la mezcla y salí de la cocina para sentarme en el sofá, retomar el libro y esperar. No era uno de esos libros interesantísimos e inpsiradores que tanto me gustaban, pero servía, de alguna manera. Sin música, sin el murmullo relajante de las voces que salen de la televisión. Puro silencio. Y luz. La luz de la primavera colándose por las ventanas. Estaba relajada. Pasaron los minutos y volví para mirar el arroz. Lo probé. Duro y soso, muy soso. Le eché sal y volví al salón. El capítulo iba sobre unos chavales que iban con mi protagonista por la playa, en verano, por la noche, bebiendo cerveza y evadiendo temas de conversación incómodos. Me gustaba él porque decía que leía a Tolkien y que estaba deprimidísimo y que se había metido a trabajar en un parque de atracciones haciendo de perro. Bailando para niños, esas cosas. Era un tipo majo. El típico que se mataba a pajas cada día de forma más o menos digna. Pues bueno. Volví a mi arroz al rato. Lo probé. Estaba casi, pero le faltaba sal. Volví a echar un poco más a ver si se animaba la cosa. Pero no. No funcionaba, no sé por qué. Saqué toda esa masa repugnante y la volqué a desgana en un plato sin quitarle el agua ni ponerlo elegante. Lo llevé a la mesa, encendí la televisión y me llevé una cucharada de esa sopa-arroz a la boca. Repetí eso unas cuatro veces hasta que me harté y llevé el plato de vuelta a la cocina. Esta vez casi volqué el salero dentro. Removí todo y volví a probarlo. Seguía sin saber a nada. Mientras me peleaba con cada grano de arroz y con cada partícula de sal pensé que era así con todo, una y otra vez. Los besos con la gente, las charlas con la gente, las clases con la gente, el trabajo con la gente, internet con la gente, el sexo con la gente, los cigarrillos con la gente, la gente. A todo aquello le faltaba una cantidad imposible de sal. Tal vez era yo. Sí, probablemente tuviese el paladar estropeado desde un principio. No parecía que fuese a mejorar con los años y ya tenía asumido que no daría mi brazo a torcer. Me sentía metida en un ring dándome de puñetazos con el aire, convencida de que merecía la pena.
Qué puedo decir. Allí estaba yo, la heroína de los locos optimistas y esperanzados que apenas saben de nada, masticando aquella basura mientras el mundo giraba y giraba y giraba.
Qué puedo decir. Allí estaba yo, la heroína de los locos optimistas y esperanzados que apenas saben de nada, masticando aquella basura mientras el mundo giraba y giraba y giraba.
viernes, 23 de enero de 2015
4:29
"soy
una serie de
pequeñas victorias
y grandes derrotas
y estoy tan
asombrado
como cualquier otro
de
haber llegado
desde allí hasta
aquí
sin cometer ningún asesinato
ni haber sido
asesinado;
sin
haber dado con mi huesos en el manicomio."
-Asidero en la Oscuridad. CB
una serie de
pequeñas victorias
y grandes derrotas
y estoy tan
asombrado
como cualquier otro
de
haber llegado
desde allí hasta
aquí
sin cometer ningún asesinato
ni haber sido
asesinado;
sin
haber dado con mi huesos en el manicomio."
-Asidero en la Oscuridad. CB
miércoles, 7 de enero de 2015
...
¿Cuánto es lo que debo perder para poder perdonarme?
¿Cuánto dolor tendría que vivir para estar contigo de nuevo?
una vez más, la estación cambia junto con el viento
y una vez más, nos encontramos perdidos tú y yo.
Cuando la cosas se me hacen difíciles y me apetece marcharme
suelo recordar el día que me enamoré de ti.
pero una vez mas, mis recuerdos me retienen aquí
una vez mas, no sé a dónde ir
y aún así...
te busco, siempre esperando ver tu figura en algún lugar
en el andén opuesto, o a través de las ventanas de un callejón
aunque sé que no estarás allí.
¿sabes? si mis deseos se volviesen realidad, estaría a tu lado
no habría nada que no pudiese hacer;
lo arriesgaría todo para abrazarte.
y si fuera para evitar la soledad, cualquiera me valdría.
pero en esta noche
en la que parece que las estrellas vayan a caer del cielo,
no puedo seguir mintiéndome.
no os desvanezcáis, estaciones, una vez más
quiero volver a la época en la que pasábamos el tiempo juntos, una vez más.
porque siempre te busco, busco tu silueta
en el cruce de una calle; en mis sueños
aún sabiendo que no estarás allí.
y si lo milagros ocurrieran, quisiera mostrarte
en un nuevo amanecer, quién seré
y las palabras "te amo"
que nunca te dije.
...los recuerdos de aquél verano me embriagan
así como los latidos de tu corazón, que súbitamente se detuvieron.
siempre te busco, busco tu silueta constantemente
en aquella ciudad, al atardecer
aun sabiendo que juntos no podemos estar.
y si mis sueños se hicieran realidad, estaría a tu lado y
no habría nada que no pudiera hacer
por abrazarte dejaría todo, solo por ti.
siempre te busco,
busco tu silueta
en las tiendas a las que entro, en el kiosko de la esquina
aunque sé que no estarás allí.
porque siempre acabo buscando tu sonrisa
en el paso a nivel, esperando que lo atraviese el tren
aunque sé
que no estarás
allí.
créeme, si pudiese volver a nacer
estaría siempre a tu lado
porque no existe nada
más valioso
que tú.
¿Cuánto dolor tendría que vivir para estar contigo de nuevo?
una vez más, la estación cambia junto con el viento
y una vez más, nos encontramos perdidos tú y yo.
Cuando la cosas se me hacen difíciles y me apetece marcharme
suelo recordar el día que me enamoré de ti.
pero una vez mas, mis recuerdos me retienen aquí
una vez mas, no sé a dónde ir
y aún así...
te busco, siempre esperando ver tu figura en algún lugar
en el andén opuesto, o a través de las ventanas de un callejón
aunque sé que no estarás allí.
¿sabes? si mis deseos se volviesen realidad, estaría a tu lado
no habría nada que no pudiese hacer;
lo arriesgaría todo para abrazarte.
y si fuera para evitar la soledad, cualquiera me valdría.
pero en esta noche
en la que parece que las estrellas vayan a caer del cielo,
no puedo seguir mintiéndome.
no os desvanezcáis, estaciones, una vez más
quiero volver a la época en la que pasábamos el tiempo juntos, una vez más.
porque siempre te busco, busco tu silueta
en el cruce de una calle; en mis sueños
aún sabiendo que no estarás allí.
y si lo milagros ocurrieran, quisiera mostrarte
en un nuevo amanecer, quién seré
y las palabras "te amo"
que nunca te dije.
...los recuerdos de aquél verano me embriagan
así como los latidos de tu corazón, que súbitamente se detuvieron.
siempre te busco, busco tu silueta constantemente
en aquella ciudad, al atardecer
aun sabiendo que juntos no podemos estar.
y si mis sueños se hicieran realidad, estaría a tu lado y
no habría nada que no pudiera hacer
por abrazarte dejaría todo, solo por ti.
siempre te busco,
busco tu silueta
en las tiendas a las que entro, en el kiosko de la esquina
aunque sé que no estarás allí.
porque siempre acabo buscando tu sonrisa
en el paso a nivel, esperando que lo atraviese el tren
aunque sé
que no estarás
allí.
créeme, si pudiese volver a nacer
estaría siempre a tu lado
porque no existe nada
más valioso
que tú.
sábado, 3 de enero de 2015
untitled
me hacía una idea de las cosas aún a pesar de no haber estado allí nunca. era extraño, como si ya lo hubiera visto antes. quizá en sueños, quizá en algún delirio mental. me gustaba pensar durante unos minutos que en realidad lo que pasaba era que mi alma o lo fuese, esa esencia, sentía que debía volver al lugar al que correspondía, y que por eso me llamaba una y otra vez, pidiéndome regresar a casa. pero la vida no es tan bonita ni tan poética, por mucho que nos empeñemos en demostrar lo contrario. se me iba cualquier rastro de esperanza cada vez que respiraba bajo un cielo equivocado; la sensación de estar perdiendo el tiempo era destructiva.
lo sentía, sentía todo. era una sensación extraña y no del todo agradable. llegaba a mí como una ráfaga de viento perdida en el aire y tenía que parar mi mundo personal para empaparme de ello. de repente me veía en un aeropuerto, casi al amanecer. ya me había despedido de los que, supuestamente, eran míos, y recorría los pasillos abarrotados de caras inexpresivas esperando a que saliese el maldito avión. estaba allí mucho antes de lo debido porque necesitaba esas horas para mí, para asimilarlo todo. encerrarme en un baño, mirarme al espejo, saber que todo aquello se transformaría en otra cosa que me daba miedo descubrir. era como si ese lapso de tiempo y todo lo físico que lo rodeaba me perteneciesen; era como si lo guardase en un bolsillo y me lo llevara conmigo a ninguna parte. tenía un sabor como a despedida, pero una despedida mucho más amarga, confusa y profunda; no había nada parecido a un adiós, nadie agitaba las manos o se daba dos besos en la mejilla. simplemente ahí estaba, de pie, destruida, esperando a reconstruir lo poco que quedaba.
cuando me monto en los aviones soy bastante más yo que nunca. veo en los pasajeros ese abismo que me distancia de las personas con una claridad brillante. hasta siento compasión, incluso ternura. no tengo claro todavía si de los demás o de mí misma. dejo que mi compañero descanse y mire por su ventanilla mientras yo hago mis cosas. y a pesar de sentirme incómoda en los puñeteros asientos, aún a pesar de que la comida es una bazofia y el tiempo pasa despacio y las películas que ponen en la pantallita son malísimas, me siento como un pájaro se sentiría dentro de su nido. creo que es porque indefectiblemente estoy destinada a volar.
sé bien qué pasará cuando llegue allí. nadie estaba para recibirme, para invitarme a un café y para cargar con todas las maletas. pero yo no era capaz de darme cuenta de todo eso porque estaba lo bastante tensa y angustiada y maravillada y preocupada y concentrada en no cagarla que pasaba por esos detalles rápido, sin prestarles ninguna atención. me fijaba en caras perdidas, en carteles en un idioma indescifrable aún a pesar de haberlo estudiado años, en direcciones tontas. cuestiones de supervivencia, me imagino.
supongo que lo más importante de todo eso, como siempre, era lo que estaba y no se veía. volver a casa al mediodía, abrir la puerta, dejar las cosas tiradas y fijarme en lo evidente; no había nadie. tenerme delante de esa forma tan violenta y peligrosa nunca se me ha dado bien. en el fondo, aquello era la realidad más indiscutible de mi vida. percibir la soledad como nunca antes, de una forma mucho más real y física, tanto que hasta podía verla con forma y huesos y carne. salía a la calle, ahí estaba. cada mes se iba haciendo más grande. ¿sabes? a veces, cuando me paro a pensar en ello, llego a la conclusión de que lo que en realidad estaba buscando allí no era nada más y nada menos que esa decepción atroz, un murmullo molesto que decía que las cosas no iban a saber mejor en ninguna parte. ese choque de realidad. acostúmbrate, maldita sea. no. no hay forma de hacer eso. necesitaría más vidas para conseguirlo, y solo tengo una. y aquí estoy, rodeada de gente con los ojos rasgados buscando algo que no he dejado de tener delante nunca. y, sin embargo, ellos parecían saber muchas más cosas que los demás. no sé cómo explicarlo.
lo sentía, sentía todo. era una sensación extraña y no del todo agradable. llegaba a mí como una ráfaga de viento perdida en el aire y tenía que parar mi mundo personal para empaparme de ello. de repente me veía en un aeropuerto, casi al amanecer. ya me había despedido de los que, supuestamente, eran míos, y recorría los pasillos abarrotados de caras inexpresivas esperando a que saliese el maldito avión. estaba allí mucho antes de lo debido porque necesitaba esas horas para mí, para asimilarlo todo. encerrarme en un baño, mirarme al espejo, saber que todo aquello se transformaría en otra cosa que me daba miedo descubrir. era como si ese lapso de tiempo y todo lo físico que lo rodeaba me perteneciesen; era como si lo guardase en un bolsillo y me lo llevara conmigo a ninguna parte. tenía un sabor como a despedida, pero una despedida mucho más amarga, confusa y profunda; no había nada parecido a un adiós, nadie agitaba las manos o se daba dos besos en la mejilla. simplemente ahí estaba, de pie, destruida, esperando a reconstruir lo poco que quedaba.
cuando me monto en los aviones soy bastante más yo que nunca. veo en los pasajeros ese abismo que me distancia de las personas con una claridad brillante. hasta siento compasión, incluso ternura. no tengo claro todavía si de los demás o de mí misma. dejo que mi compañero descanse y mire por su ventanilla mientras yo hago mis cosas. y a pesar de sentirme incómoda en los puñeteros asientos, aún a pesar de que la comida es una bazofia y el tiempo pasa despacio y las películas que ponen en la pantallita son malísimas, me siento como un pájaro se sentiría dentro de su nido. creo que es porque indefectiblemente estoy destinada a volar.
sé bien qué pasará cuando llegue allí. nadie estaba para recibirme, para invitarme a un café y para cargar con todas las maletas. pero yo no era capaz de darme cuenta de todo eso porque estaba lo bastante tensa y angustiada y maravillada y preocupada y concentrada en no cagarla que pasaba por esos detalles rápido, sin prestarles ninguna atención. me fijaba en caras perdidas, en carteles en un idioma indescifrable aún a pesar de haberlo estudiado años, en direcciones tontas. cuestiones de supervivencia, me imagino.
supongo que lo más importante de todo eso, como siempre, era lo que estaba y no se veía. volver a casa al mediodía, abrir la puerta, dejar las cosas tiradas y fijarme en lo evidente; no había nadie. tenerme delante de esa forma tan violenta y peligrosa nunca se me ha dado bien. en el fondo, aquello era la realidad más indiscutible de mi vida. percibir la soledad como nunca antes, de una forma mucho más real y física, tanto que hasta podía verla con forma y huesos y carne. salía a la calle, ahí estaba. cada mes se iba haciendo más grande. ¿sabes? a veces, cuando me paro a pensar en ello, llego a la conclusión de que lo que en realidad estaba buscando allí no era nada más y nada menos que esa decepción atroz, un murmullo molesto que decía que las cosas no iban a saber mejor en ninguna parte. ese choque de realidad. acostúmbrate, maldita sea. no. no hay forma de hacer eso. necesitaría más vidas para conseguirlo, y solo tengo una. y aquí estoy, rodeada de gente con los ojos rasgados buscando algo que no he dejado de tener delante nunca. y, sin embargo, ellos parecían saber muchas más cosas que los demás. no sé cómo explicarlo.
no quiero que nadie entienda nada. sé bien que cuando lea esto en el momento exacto, sonreiré. no hará falta decir nada más.
Tony Anderson - Daughters
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Robert Coyne - R 'n' R No. 1
Death in Vegas - Girls
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