sábado, 25 de marzo de 2017

3.

atardecía. estaba volviendo a casa con una sensación extraña. a mis pies, el mundo parecía desmoronarse. no tenía prisa; si caía por aquél hueco quizá dejase de sufrir. algo pasó. hicieron falta pocos segundos para que se me inundasen las venas del calor de la primavera. quise creer que fueron varias horas, días incluso, pero el corazón nunca entiende de esos temas; llega instantáneo como una explosión y no te da opción a nada.

te miré de reojo mientras te ponías el abrigo. por alguna razón quise llorar. estaba fascinada por los actos más cotidianos y sencillos que la vida me estaba ofreciendo contigo. respiré hondo para calmar la velocidad a la que corrían los perros dentro de mi alma, que empezaba a florecer. entonces, como una imbécil, fantaseé con la idea de quererte. fumaba un cigarrillo, años más tarde, mientras te oía mear y hablarme a voces de alguna estupidez. luego cogeríamos las cosas y nos iríamos a cenar a alguna parte. y volveríamos a casa de la mano, un poco más viejos y un poco más nuestros.

quizá estaba demasiado herida para plantearme todo eso. sangraba por todas partes; esos hijos de puta habían golpeado mi esperanza demasiadas veces. ¿sabes? mi vida se ha basado en pelear, en pelear por cualquier cosa, incluso por levantarme de la cama en bragas y hacerme un café. me he vuelto una experta en recibir hostias pero sigo siendo una torpe a la hora de devolverlas. mi estilo es más de quedarme quieta y prepararme para la siguiente embestida. desde esta perspectiva, no tengo un fondo muy agradable. mi fondo no suele gustar. ya te he contado lo que pasa: la gente se cansa de ello. creo que se cansa porque no ve esperanza alguna, al igual que yo tampoco la veo. pero en aquella despedida, llámalo intuición, noté que podía devolver algún que otro golpe a esta mierda que me rodeaba. sentí que quería hacerlo. sólo había una razón y era igual de estúpida que mis fantasías: tú. ¿quién era yo para determinar que podía salir bien, de todas maneras? me recreé un poco en esa lejana posibilidad, fumé otro cigarrillo, escuché mis canciones y pensé en tu forma de andar, en tu voz, en la timidez que desprendías cada vez que me atrevía a dar un paso más.

mi mundo se derrumbaba pero decidí atar a mí algunos pedazos y tirar de ellos. no se lo iban a llevar todo; no me iba a llevar todo otra vez. iba a combatir a mis demonios y sacar la cabeza fuera del agua para respirar como no había respirado en años. tanto tú como yo nos merecíamos un jodido respiro, un cambio de rumbo, un poco de luz. te lo dije todo con un beso y firmé en alguna parte mi predisposición a disfrutar otra vez de esos cafés, de esas mañanas que daban paso a un día más. creo que mi soledad a veces se empeña en convencerme de que la vida se entiende mejor si estás solo y anclado a decepciones, pero, ¿sabes? has conseguido inyectarme las ganas de mandar a esa perra lejos de mí. no creo que seas consciente de lo que has supuesto, y está bien; ni siquiera yo lo soy. todas esas fantasías empezaban a hacerse tan reales como cada beso que me dabas antes de maravillarte con la idea de lo mucho que nos queríamos.

esta despedida ha sido un poco más amarga que las anteriores. se me rompió el alma mientras volvía a casa. era una necesidad, ahora, el hecho de poder contarte mis secretos mirándote a los ojos, y tu ausencia física dolía un poco más de lo que habría imaginado. supongo que me arrancaste el corazón y te lo llevaste, y qué feliz me hace eso.

con todo esto no quiero decirte nada en concreto. no se me da bien expresar mis sentimientos y menos cuando escribo más para mí que para nadie. pero créeme cuando te digo que voy a seguir luchando por esos deseos que han ido apareciendo, con tu esencia, en mi lista de cosas que conseguiré. y no he conocido a nadie más tenaz que yo cuando se trata de perseguir sueños.

kaleidoscopic thoughts of me and you
and you're just so cool

for me to see
the life we'd have and we'd tell everyone
your face turns red and so does mine

and we climb all around
you stare into my eyes 

and watch me drown inside

and whisper to me softly as I lie down

domingo, 12 de marzo de 2017

悲しみ

preparé con delicadeza un cigarro, me serví una copa de vino, busqué aquella canción. últimamente prefería el vino a la cerveza; tenía la sensación de que todas las derrotas se habían vuelto más elegantes, más adultas. me hacía vieja. el sabor de todo aquello era más profundo y complejo. el escenario era perfecto para reencontrarse con los fantasmas que siempre tocaban a mi puerta. me deprimí amablemente. con honestidad, confieso que era el único espacio en el que me sentía segura y mía. tenía las riendas. 

dosifiqué con cautela los suspiros para disfrutar del momento; era como volver a casa. sí, tenía la estúpida manía de llamar hogar a las personas, a los momentos que compartía junto a ellas. en realidad no es así: lo único que nos pertenece son los segundos en los que nos reencontramos con nosotros mismos. 

es doloroso, pensé. la separación se hacía tangible. empezó a picarme la nariz, la garganta me oprimía. arrugué el morro. las lágrimas que esforzaba en contener me indicaban que había vuelto a perder la pelea. a lo largo de mi vida he ganado muchas, pero he perdido bastantes más de las que normalmente una persona puede perder. fracasada, eso era. me entusiasmaba y me horrorizaba a partes iguales sentirme cómoda en este momento. 

muchos me han considerado insensible, fría. lo cierto es que era una persona sentimental. veía nostalgia en las cosas más sencillas, las pocas que mi cerebro enfermo recordaba. su forma de peinarse el pelo, las cuentas a medias, las miradas nerviosas cuando clavaba mis ojos en los suyos, una sonrisa que se escapaba ante un halago, las últimas páginas de los libros, las puestas de sol al volver a casa. todo aquello me hacía sentir fuera de lugar porque, aunque hubiese sucedido todo ayer, había un abismo temporal entre este instante y eso. no me veía mala persona pero todo el mundo se empeñaba en recordarme que sí lo era. acababa siendo el blanco del odio y del rencor. quizá mi inestabilidad no podía encajar. lo que veía simple y coherente no lo era para ellos. parecía como si todos tuviésemos la obligación de escribir un libro y seguir la historia desde el último capítulo. como si no tuviéramos libertad de cambiar de portada, de ritmo; como si las palabras fueran lo único que nos quedaba. escribí hace unos años que yo no me encontraba en una sola letra: mi alma prefería anclarse entre los espacios en blanco. no tenía nada sólido a lo que agarrarme y me valía, me gustaba, era impredecible, era humo. aquello molestaba a todos por igual. no entendían nada ni se molestaban en hacerlo porque tenían sus caras incrustadas en sus culos y en esas viejas portadas de las que se creían dueños, incluso más dueños que yo. 

amanecía en mi ciudad y la soledad se hizo una con mis cenizas.

jueves, 9 de marzo de 2017

time and life

noté una sensación extraña en mis entrañas: la separación con el mundo era casi tangible, el sonido se distorsionaba, las luces empezaban a temblar. había una brecha entre ellos y yo y ninguna de las dos partes tenía el valor de arriesgarse y saltarla. eran territorios diferentes, estaban demasiado lejos. quizá lo más sensato era seguir hablando a voces. muchos de los mensajes se perdían en el espacio, llegaban a la mitad, se quedaban en el aire; nunca se me ha dado bien enseñarle a nadie el epicentro.
miré la puesta de sol desde un ángulo escondido. tal vez nunca podría llegar, pero por alguna extraña razón, tras el daño, me apetecía construir un puente. uno muy inestable, claro, pero algo que pudiese acercarme a esa realidad tan conocida y desconocida a la vez. 

abrí mucho los ojos: hacía años que no sentía motivación. que no sentía pasión por las cosas que, supuestamente, más me importaban. no tenía sentido pero quería seguir en esa frecuencia un rato más. 

sentía la fuerza a cada paso. la determinación por hacer algo bien en mi vida. por cuidarme y por cuidar a los demás aún a pesar de todo. quizá era una pausa sana; quizá se evaporaba en unos días. no importaba. 

me encogí de hombros y abrí otra cerveza sonriendo un poco.