"Ahora
bien, a nuestro lobo estepario ocurría, como a todos los seres mixtos, que, en
cuanto
a su sentimiento, vivía naturalmente unas veces como lobo, otras como hombre;
pero
que cuando era lobo, el hombre en su interior estaba siempre en acecho,
observando,
enjuiciando y criticando, y en las épocas en que era hombre, hacía el lobo
otro
tanto. Por ejemplo, cuando Harry en su calidad de hombre tenía un bello
pensamiento,
o experimentaba una sensación noble y delicada, o ejecutaba una de las
llamadas
buenas acciones, entonces el lobo que llevaba dentro enseñaba los dientes, se
reía
y le mostraba con sangriento sarcasmo cuán ridícula le resultaba toda esta
distinguida
farsa a un lobo de la estepa, a un lobo que en su corazón tenía perfecta
conciencia
de lo que le sentaba bien, que era trotar solitario por las estepas, beber a
ratos
sangre o cazar una loba, y desde el punto de vista del lobo toda acción humana
tenía
entonces que resultar horriblemente cómica y absurda, estúpida y vana. Pero
exactamente
lo mismo ocurría cuando Harry se sentía lobo y obraba como tal, cuando le
enseñaba
los dientes a los demás, cuando respiraba odio y enemiga terribles hacia todos
los
hombres y sus maneras y costumbres mentidas y desnaturalizadas. Entonces era
cuando
se ponía en acecho en él precisamente la parte de hombre que llevaba, lo
llamaba
animal y bestia y le echaba a perder y le corrompía toda la satisfacción en su
esencia
de lobo, simple, salvaje y llena de salud.
Así
estaban las cosas con el lobo estepario, y es fácil imaginarse que Harry no
llevaba
precisamente
una vida agradable y venturosa. Pero con esto no se quiere decir que
fuera
desgraciado en una medida singularísima (aunque
a él mismo así le pareciese,
como
todo hombre cree que los sufrimientos que le han tocado en suerte son los
mayores
del mundo). Esto no debiera decirse de ninguna persona.
Quien no lleva dentro
un
lobo, no tiene por eso que ser feliz tampoco. Y hasta la vida más desgraciada
tiene
también
sus horas luminosas y sus pequeñas flores de ventura entre la arena y el
peñascal.
Y esto ocurría también al lobo estepario. Por lo general era muy desgraciado,
eso
no puede negarse, y también podía hacer desgraciados a otros,
especialmente si los
amaba y ellos a él. Pues todos los que le
tomaban cariño, no veían nunca en él más que
uno
de los dos lados. Algunos
le querían como hombre distinguido, inteligente y original
y
se quedaban aterrados y defraudados cuando de pronto descubrían en él al
lobo. Y
esto era irremediable, pues Harry quería, como
todo individuo, ser amado en su
totalidad
y no podía, por lo mismo, principalmente ante aquellos cuyo afecto le
importaba
mucho, esconder al lobo y repudiarlo. Pero también había otros que
precisamente
amaban en él al lobo, precisamente a lo espontáneo, salvaje, indómito,
peligroso
y violento, y a éstos, a su vez, les producía luego extraordinaria decepción y
pena
que de pronto el fiero y perverso lobo fuera además un hombre, tuviera dentro
de
sí
afanes de bondad y de dulzura y quisiera además escuchar a Mozart, leer versos
y
tener
ideales de humanidad. Singularmente éstos eran, por lo general, los más
decepcionados
e irritados, y de este modo llevaba el lobo estepario su propia duplicidad
y
discordia interna también a todas las existencias extrañas con las que se ponía
en
contacto."
-
H. Hesse