lunes, 29 de febrero de 2016

4

decidí sentarme en el
umbral 
subí la cremallera hasta arriba
enterré los pies en la 
nieve
encendí un cigarro;

esperaba a los trenes que
pasaban
una y otra vez 
por delante de mí

esperaba a la gente que
perdí por el camino
y hoy me miraba con indiferencia y
algo de lástima

esperaba a que el amor
no siguiese escapando a
cada calada
que el odio, el rencor
y todo eso
se mantuviese dentro y 
diese, no sé
un poco de calor

esperaba a que las luces
dejasen de temblar
a cada 
recuerdo
con tu nombre

pero todo se iba en 
aquellas madrugadas
lo veía irse
no podía desenterrar los pies
ni dejar de fumar
sencillamente el sonido del adiós
me partió los huesos
y dejó dentro
humo




Another heartbeat, waking up the whole street,
I was never much for hopeless carry on,
When the scar bleeds, wait until you can't scream,
I won't be the last, so watch me take this home.

Somewhere else instead,
I'll always be the one to hope for,
Scratches on your legs,
It's okay, it's okay.

domingo, 21 de febrero de 2016

3

aquél día no demasiado cálido el sol acariciaba mi piel. se escuchaban ladridos de perros muy lejanos, voces de personas, el ajetreo de una ciudad viva. todo estaba sucediendo a la vez que yo clavaba mis ojos en los tuyos como si eso fuese lo único, lo único: no era capaz de entender aquella emoción que me emborrachó de inmediato. no sabía del todo bien, algo así como cuando bebes tequila. definitivamente, iba mal. desde la profundidad de tu alma me llegó un mensaje en voz baja. era el final. algún tipo de final que ni siquiera hoy, años después, sé entender, definir. pero un final al fin y al cabo. qué aterrador es eso, ¿verdad? saber que la persona a la que quieres, admiras y necesitas jamás va a corresponderte al nivel con el que sueñas despierto. pero aquél día en mitad de una plaza de madrid lo supe con certeza, y se clavó en el centro de mi gravedad, desestabilizándola. me sorprende que en ese momento no fuese capaz de disfrutar de los pequeños detalles, que mi memoria haya eliminado la mayor parte de nuestras conversaciones, sí, de esas que me cambiaron la vida, de esas que me hicieron comprender tantísimas cosas. desconozco el mes, el año, el día. tan solo sé que ese momento se ha congelado en mis recuerdos y me asalta de vez en cuando interrumpiéndolo todo. incluso lloro un poco. no sé. hay cosas que no terminan de superarse nunca. 

seguimos caminando bajo el mismo cielo encapotado pero las cosas son un poco distintas. no sirve de nada lamentar los errores pasados, pero te garantizo una cosa: nadie ha logrado jamás entrar en mi universo como lo has hecho tú. 

miércoles, 17 de febrero de 2016

Cartas que recibí de ayer

Una vez conocí a una mujer cuyos ojos traían tormentas, y en la profundidad de sus huesos se olía la humedad del mar. Su vida era tan imperfecta como su forma de andar por el mundo; caótica, errática, poco natural. Se notaba, a poco que hablases con ella, que estaba adaptada a existir entre el resto de personas, y casi podía engañarte con su espontaneidad. Sin embargo, pronto supe que esa mujer escondía un rechazo inevitable hacia todo lo demás, hacia todo lo que no fuese suyo; su alma se retorcía ante la idea de tener que seguir participando en aquello, pero lograba contenerla con muros de acero. Conocí a una mujer capaz de llevarte a la locura. Sabía lo que tenía que decir, cómo tenía que decirlo, qué artimañas hacían falta para hacerme sentir protegido, interesante, alguien digno, quizá. De repente noté mis entrañas abrirse para ella, la noté colándose por cada rincón, era demasiado tarde; ya era suyo. Conocí a una mujer que no llamaba la atención queriendo. Todos nos girábamos para observarla atrapados de inmediato por sus pasos, por su pelo, por sus inesperadas respuestas. Era como enfrentarse a una especie desconocida. ¿Sabes? Conocí a una mujer que, durante un rato, me hizo sentir afortunado. Me hizo regalarle mi alma pensando que yo podría obtener la suya y quedármela egoístamente, pero no fue así; en poco tiempo descubrí que era imposible retenerla, se escapaba entre mis dedos como arena, como humo. Volaba hacia una dirección que no podía seguir. Esta mujer me hizo comprender con el paso de los años que era mejor así. Que las barreras que había construido no se podían escalar, y que no era necesario hacerlo. Me enseñó que las despedidas nunca son un adiós, sino un hasta que volvamos a coincidir; que no tenía que quedarme con el sabor de dejarla volar y, que en cambio, guardase sus plumas en un cajón y las mirase de vez en cuando a media sonrisa. Ella volvería. En las tormentas de sus ojos se escribió esa especie de promesa.

killing all the flies . mogwai