sábado, 30 de abril de 2016

SSDD

[...] en algún momento impreciso de mi vida aprendí que no somos las heridas que tenemos, sino que somos la forma de coserlas; las decepciones van volviéndonos menos susceptibles a la sorpresa. 

recuerdo cuando me decías que te parecía invencible. que envidiabas mi corazón de hielo y mi alma de hierro, que querías ser capaz de sentir la seguridad que parecía desprender por cada poro de mi piel. recuerdo que tu amor por mí se sustentaba, en parte, a la protección que te daba mi sombra allá donde fueses; la certeza de que me daría de hostias con el destino si éste fuera capaz de hacerte daño. lo cierto es que, en mayor o menor medida, me he labrado esa reputación. hoy pesan más las consecuencias malas. estoy cansada de cargar con tanto peso, con tanta responsabilidad. de llorar a escondidas para que nadie sepa lo frágil que son mis huesos, lo débil que me siento y la cantidad de máscaras que hay que ponerse para salir a la puta calle y enfrentarse a la rutina. quizá una de las razones por las que me siento tan sola es por esa incapacidad de permitir la entrada al centro de mi universo. he crecido tantos años con la idea de que los sentimientos son algo negativo y prescindible que ya no sé tenerlos; no sé gestionarlos, entenderlos y mucho menos actuar en base a ellos. [...]

jueves, 7 de abril de 2016

8

la habitación a oscuras, botellines de cerveza vacíos por el suelo, humo flotando por el espacio, las luces de madrid entrando por la persiana bajada, las plantas muriéndose, el ruido de la noche acabando allá afuera. no estábamos en condiciones de hablar. ni siquiera de mirarnos. tumbados en el mismo colchón y abismos que nos separaban, de eso podría hablaros hoy. podría hablar, en realidad, de tantas cosas. mencionaría las cosas buenas que pasan y nadie percibe hasta que las pierde; los pequeños detalles que empiezan a tener importancia cuando dejan de darse; la cantidad de conversaciones olvidadas que hoy trato de recordar. hablaría de todos los buenas noches que nos dedicamos, de las canciones que compartimos a través de sms, de las miradas que parecen tener mucho más valor del que realmente tienen. 

qué se yo. pensé en todo esto mientras te escuchaba fumar. ni tú ni yo estábamos pensando el uno en el otro, y lo sabíamos, pero nos parecía bien. cada uno luchaba contra lo que podía. me entraron ganas de llorar. con respecto a esto tengo rachas: a veces no lloro en años, y hay otros, en cambio, que me provocan más lágrimas que cualquier muerte. cada decepción resulta ser como un ladrillo que coloco en mis fronteras contra el mundo. 

me revolví un poco y cerré los ojos. no podría darse esa sensación de estar fundida con la vida. no podría llenarme los pulmones respirándola ni tampoco podría bailar por el universo. aquella noche le declaré la guerra a todo y todos porque jamás contaría con aliados. entendí, con dos litros de más, que estaba sola.