viernes, 31 de julio de 2015

18.20


"Ahora bien, a nuestro lobo estepario ocurría, como a todos los seres mixtos, que, en
cuanto a su sentimiento, vivía naturalmente unas veces como lobo, otras como hombre;
pero que cuando era lobo, el hombre en su interior estaba siempre en acecho,
observando, enjuiciando y criticando, y en las épocas en que era hombre, hacía el lobo
otro tanto. Por ejemplo, cuando Harry en su calidad de hombre tenía un bello
pensamiento, o experimentaba una sensación noble y delicada, o ejecutaba una de las
llamadas buenas acciones, entonces el lobo que llevaba dentro enseñaba los dientes, se
reía y le mostraba con sangriento sarcasmo cuán ridícula le resultaba toda esta
distinguida farsa a un lobo de la estepa, a un lobo que en su corazón tenía perfecta
conciencia de lo que le sentaba bien, que era trotar solitario por las estepas, beber a
ratos sangre o cazar una loba, y desde el punto de vista del lobo toda acción humana
tenía entonces que resultar horriblemente cómica y absurda, estúpida y vana. Pero
exactamente lo mismo ocurría cuando Harry se sentía lobo y obraba como tal, cuando le
enseñaba los dientes a los demás, cuando respiraba odio y enemiga terribles hacia todos
los hombres y sus maneras y costumbres mentidas y desnaturalizadas. Entonces era
cuando se ponía en acecho en él precisamente la parte de hombre que llevaba, lo
llamaba animal y bestia y le echaba a perder y le corrompía toda la satisfacción en su
esencia de lobo, simple, salvaje y llena de salud.

Así estaban las cosas con el lobo estepario, y es fácil imaginarse que Harry no llevaba
precisamente una vida agradable y venturosa. Pero con esto no se quiere decir que
fuera desgraciado en una medida singularísima (aunque a él mismo así le pareciese,
como todo hombre cree que los sufrimientos que le han tocado en suerte son los
mayores del mundo). Esto no debiera decirse de ninguna persona. Quien no lleva dentro
un lobo, no tiene por eso que ser feliz tampoco. Y hasta la vida más desgraciada tiene
también sus horas luminosas y sus pequeñas flores de ventura entre la arena y el
peñascal. Y esto ocurría también al lobo estepario. Por lo general era muy desgraciado,
eso no puede negarse, y también podía hacer desgraciados a otros, especialmente si los
amaba y ellos a él. Pues todos los que le tomaban cariño, no veían nunca en él más que
uno de los dos lados. Algunos le querían como hombre distinguido, inteligente y original
y se quedaban aterrados y defraudados cuando de pronto descubrían en él al lobo. Y
esto era irremediable, pues Harry quería, como todo individuo, ser amado en su
totalidad y no podía, por lo mismo, principalmente ante aquellos cuyo afecto le
importaba mucho, esconder al lobo y repudiarlo. Pero también había otros que
precisamente amaban en él al lobo, precisamente a lo espontáneo, salvaje, indómito,
peligroso y violento, y a éstos, a su vez, les producía luego extraordinaria decepción y
pena que de pronto el fiero y perverso lobo fuera además un hombre, tuviera dentro de
sí afanes de bondad y de dulzura y quisiera además escuchar a Mozart, leer versos y
tener ideales de humanidad. Singularmente éstos eran, por lo general, los más
decepcionados e irritados, y de este modo llevaba el lobo estepario su propia duplicidad
y discordia interna también a todas las existencias extrañas con las que se ponía en
contacto."


- H. Hesse