Me suelo fijar bastante en lo que escriben los demás. Repaso cada detalle oculto detrás de las palabras, recolecto información y la desparramo por una mesa, analizando, con algo de aburrimiento, su significado. Suele ser lo mismo siempre. Gente llena de amor con necesidad de darlo, de regalarlo a alguien que no vaya a tirar su brillo a la basura. Veo todos esos sentimientos y en realidad no los envidio, porque sé que aunque yo no pueda llevarlo a la práctica de la forma que me gustaría, en su momento, de alguna manera que sólo yo pude entender, lo hice. Lo hice contigo y cada rincón de tu existencia. Muchas veces me he preguntado por qué no paro de fracasar en este sentido tan poco práctico. En efecto, yo no sé querer. Ya no sé ni siquiera el significado. Esa forma que tengo de caminar por el mundo no es compatible con prácticamente nadie. Es doloroso, ¿sabes? Tampoco es que haya una explicación lógica, sencillamente es así. Después de pensarlo mucho he llegado a la conclusión de que me quedé vacía, de que me vaciaste; te regalé mis entrañas, mis tendones, mis músculos, cada parte de mi ser. No estoy rellena de mariposas, de sueños y colores vivos. Tengo la sensación desde hace años de escupir humo. La gente busca en mí explicaciones de mis sentimientos y no obtiene nada salvo eso, humo, vapor, nubes cargadas de agua. Las decepciones llegan, me hacen sentir culpable, no hay salida y vuelta a empezar. En esta estúpida lucha que es la vida todos los seres humanos mueven los brazos para salir de las profundidades marinas y yo he decidido quedarme dentro, muy dentro, ahogándome y mirando intermitentemente de abajo a arriba, de arriba a abajo. Nadan hacia la luz y me parece bien, pero yo sé que tú no estás ahí; sé que estás en lo negro, en lo hondo. Supongo que para alguien tan estúpido como yo es mucho más coherente asfixiarse. No siento lástima por los demás. Tampoco siento envidia, odio, asco o admiración. Las personas de mi alrededor no sintonizan nuestra frecuencia extraterrestre y tampoco quiero que lo hagan. Prefiero que pasen a mi lado, nadando, buceando hasta la superficie. La indiferencia total me hace parecer un robot. Alguno, por el camino, trata de cogerme del brazo y tirar hacia arriba. Quiere que suba allí. No entiende la palabra no. No lo hace ni lo hará nunca porque no está programado para permitir el sufrimiento ajeno. La gente no está programada para entender mi problema. Sus intentos de hacerlo me enternecen, pero sólo me dura un segundo; en realidad, es un incordio. Es por eso por lo que no comparto nada jamás. Bueno, ellos creen que lo hago, pero son sólo quimeras ridículas, superficiales, ya me entiendes. Es una auténtica pérdida de tiempo.
Es difícil confiar en los demás. No confío en nadie al cien por cien. Siempre me guardo esa pequeña posibilidad de, adiós, hasta nunca. Sucede. Sucede todo el rato, no lo culpo.
He descubierto que mi temática son las despedidas que nunca se dieron y que, aún así, existen. Los abandonos sin hacer mucho ruido, sin montar escándalos, ahorrándonos dramatizar. Las palabras que se quedan en el aire y no terminan de llegar a su destino, la gente triste y sola, jodidamente sola, y tú, maldita sea, y tú. ¿No te has dado cuenta? Siempre, siempre escribo sobre ti. Tengo que ser algo sincera. Cuando te marchaste no lo vi. Jamás me paré a pensar que estabas recogiendo tus cosas y que saldrías por la puerta cuando me quedase dormida. Hasta que un día, al llamarte, no respondiste. Llegó tan suave y tan tranquilo como imagino que debe ser el Infierno, un vacío enfermizo, un eco que te devuelve tu propia voz. Es una de las sensaciones más hirientes que he conocido y no se va, joder, no se va. Está enquistada muy dentro. En ese momento pensé en salir yo también. Apagar las luces, quitarme los zapatos para no despertar a nadie y desaparecer. Pero qué te voy a contar, tú eso ya lo intuías.
En fin, sé que nunca vas a leer esto. Sé que desde entonces escribo cartas a la nada desde la Nada, y no me importa; supongo que la única manera de seguir andando es esta.
No soporto el verano. Descansa un poco.
VANIDAD, VICIO DE ESTRELLAS
GRAVEDAD, VICIO EL ALCOHOL
Y TÚ QUE COMO EL VIENTO BUSCABAS
Y TÚ QUE COMO EL AGUA MALTRATAS
DÉJAME VERTE MÁS
QUE ME QUEDO SIN ALMA
Y QUE ARDA LA TIERRA
Y QUE QUEME LAS PIERNAS
"TE SALVARÉ, TE SALVARÉ"
Y OJALÁ QUE TE VAYAS
Y OJALÁ QUE TE VAYA BIEN
TE REGALO MIS CANAS
TE REGALO TODA MI PIEL
PARA TI . . .