de alguna forma, sin saber cómo, a todos nos incrustan en el cerebro un objetivo común, un camino a perseguir predeterminado, una forma de pensar y orientar la existencia. no conozco prácticamente a nadie que no persiga lo mismo que todo el mundo, algo que ni siquiera sé definir.
dentro de la negrura y lo podrido, me alegro de no estar encadenada al interés por ser feliz.