Todavía no tienes ni idea de lo fuerte que puedes llegar a ser.
No agaches la cabeza cada vez que pases por un grupo numeroso de tíos.
Aprovecha esos últimos días en los que las cosas entre tu padre y tú no están tan jodidas.
Deja de obsesionarte con las pastillas; son inútiles.
Tranquilízate, acabarás por salir de ese infierno y no volverás a saber nada de ellos.
Las personas que menos te esperas te van a traicionar; por el contrario, fíate de tus intuiciones, ellos son inamovibles.
Espera a los diecinueve, verás que empiezas a sentirte un poco más libre.
Sal corriendo de esas relaciones tóxicas; aunque tú no lo sepas, eso se llama maltrato.
Aunque las cosas cambien, recuerda, jamás dejó de ser especial.
Volveréis a veros. No de la manera que esperas. No en el escenario que esperas, ni tampoco en un día soleado, ni en una noche entre bares y restaurantes, ni por las calles en un día de lluvia: pero os veréis. Y será como si una bala te atravesara todo el pecho, soltando metralla.
En el horizonte menos esperado, tu fuerza de voluntad se hará un poco más fuerte.
¿Ves esos edificios? ¿Ves esas luces en la noche?
Querida yo del pasado: ni se te ocurra morirte todavía. Ni lo intentes. Entre tú y yo, quedan cosas jodidamente increíbles por vivir.