viernes, 30 de enero de 2015

El loco.

al principio eran sombras molestas, formas abstractas, pura anormalidad
en las esquinas de mi habitación
yo creía a ciencia cierta que se trataba de mi insomnio, distorsionador de mundos, de realidades, como cuando estás borracho y todo va muy deprisa
y lo dejaba pasar.

después eran sonidos puntuales
cristal y pizarra arañados, pasos en la planta de arriba
sin que hubiera nada encima de mi cabeza salvo tejado y estrellas y quizá una luna
y nubes.
yo creía que seguía siendo cosa de mi insomnio, del cansancio y de los sueños
y lo dejaba pasar.

una noche salí enfermo al pasillo, abandoné mi refugio pestilente
a prueba de bombas
y los vi
con la misma claridad que tendría cualquier mirada al cruzarse durante un segundo en tu camino
o los sueños densos que nos hacen sudar.
se arrastraba la pobre criatura
sin piernas pero con brazos muy largos
dejando a su paso una hilera de lodo marrón y púrpura, como la sangre que
se vomita después de varias malas rachas.
sus movimientos eran arrítmicos y forzados, algo así como un espasmo y
posturas imposibles
y ese sonido monstruoso de cartílagos en movimiento chocándose entre sí
y la respiración casi asmática y gruñidos de alimaña.
se mostraba unos segundos hasta que apartaba la vista y salía de esa estúpida e inútil parálisis.
y lo dejaba
pasar.

a veces venían en forma de reptil humanoide, reptando como a cámara rápida
por todas mis paredes,
mostrándose con un poco de arrogancia y diciendo
-¡Eh, estoy aquí! ¿Puedes verme? He venido, he venido, he venido...
resultaba insoportable y gracioso y aterrador simultáneamente
y colgaba de su cráneo cabello enredado y largo
casi tan largo como sus brazos.

casi al final, sin respetar aquél pacto de nocturnidad, olores pútridos de muerte y caos
y cadáveres apilados en esa habitación angosta
me visitaban frecuentemente
mientras hablaba con alguien o me encendía un pitillo o me duchaba.
y, obviamente,
lo dejaba pasar.
sí.
lo dejaba pasar.

al final
de una forma u otra,
el miedo fue evaporándose junto a la confusión, el pánico y la angustia.
solo quedaba una extraña sensación de incomodidad en la comodidad
nostalgia, profunda
tristeza.
no importaba el escenario. aquellos infraseres fueron devorando lentamente
mi territorio y el de los demás para convertirlo en
el suyo.

vayamos a las montañas de la locura y dejemos pasar una y otra vez aquello que fuimos
somos y
seremos
una noche más.