Pensó en él. Habían pasado algunos años desde el primer chispazo; desde la primera vez que se sorprendió a sí misma imaginando algún encuentro ingenuo entre los dos. Antes las cosas eran un poco distintas. Quizá la gracia residía en los días cálidos llenos de secretos y confesiones nunca dichas, en las miradas comprometidas y la indecisión constante. Podría echarle la culpa al tiempo, destructor, asesino, psicópata imparable que deshace y convierte en migajas todas las cosas que entonces le importaban. Podría echarle la culpa a la vida, encargada infalible de trastocar sus planes, de darle la vuelta a las cosas, de enredar las calles de su mapa personal. Y a pesar de que tenía muchas ganas de deshacerse del lastre de la culpa que cargaba año tras año, no lo hizo. En vez de eso siguió llevándolo a la espalda, recordándose una y otra vez que todo podría haber sido diferente, quizá mejor; que el momento acabó y por mucho que intentase reproducirlo era imposible. Estuvo realmente deprimida ese año por eso. Más tarde, cuando las decepciones empezaron a llegar en tropel y se atragantó con la novedad de los celos, soltó un poco de peso por el camino. Entendía que era algo natural y necesario. Las cosas cambian y no tienen por qué volverse mejores. De hecho, la mayoría de las veces no lo hacen.
Eso se dijo en voz baja cuando él la desnudaba con rapidez. Tenía un gran problema con eso que a todos encanta. No conseguía nunca desconectar, concentrarse en los besos, los mordiscos, el sudor, las babas, los suspiros, mierda, esas cosas. Pero estaba bien. Físicamente no era mejor o peor. Todo residía en su mente y en el lazo tan poderoso que había desarrollado con él. Le encantaba, sin más. Incluso lo necesitaba a veces. Y a pesar de que en mitad de las sábanas se cruzasen con ella estos pensamientos tóxicos, lo disfrutaba. No era tanto que se la metiera. No era tanto que se pasase un rato largo comiéndosela o lo que fuese. Ya no. El sexo no era tan importante, nunca lo había sido, y cuando estaba tan cerca de una de las cosas que más le gustaban en el mundo solo podía deleitarse con pequeños detalles. Sabía bien lo que le daba fuerza. Sabía bien qué tipo de cosas necesitaba cuando estaba sola y quería buena compañía. Hablaba de olores, de escucharle contener los gemidos, de sus restregones, de su maldita voz. Cuando se fijaba en estas cosas todo lo demás resultaba casi superficial. En fin, ella sabía que no debería tomarse esas cosas tan en serio, que no deberían afectarle tanto, alterarla, hacerle sentir miedo, preocupación, inseguridad infinita, dudas y pánico, pero era inevitable y, tal vez, en su retorcida mente, ella las hacía inevitables aposta. Su mayor vicio era generar luces negras y vacío para sentirse mal. Él siempre lo supo. Casi nadie lo entendía. Sea como sea, allí estaba tumbada con las piernas abiertas, unos cuantos kilos de carne encima y un olor agradable en su nariz.
Realmente no era mejor que antes y se sentía morir cada vez que pensaba en que no había culpables ni soluciones ni asuntos pendientes. Parecía imposible fluir con la naturalidad de los acontecimientos, ya saben, subirse al carro de la vida y dejar pasar los años sin mirar atrás. Y aunque ella se sintiese constantemente perdedora en todos los aspectos de su vida, no lo era. A veces se preguntaba si estaba enamorada; si lo estuvo alguna vez en todos estos años. La respuesta a la segunda pregunta era sí, pero no un sí que hacía referencia a quien debería, sino a un total desconocido por el cual se volvió loca en algún momento de su vida menos gris que los demás. Y con respecto a la primera... quién lo sabe. Ella decía que las personas tan borrachas de sí mismas no pueden querer a nadie como deberían. Es posible.
Ahora mismo solo sabía algo. Estaba bien metida en la intimidad de él y se sentía a salvo. Tuvo una especie de sensación, algo que la llevó a aquél parque, de noche, en mitad de un gentío que asistía a un concierto al aire libre. Algo que la llevó a ese verano, a esas miradas estúpidas, a esas promesas y a esas destructivas confesiones de amor. Y se sintió bien.