saco la cabeza de las sábanas.
está nublado allá afuera y parece que
va a llover.
gruño un poco: realmente
quería ver el sol
me hace sentir más conectada a una realidad.
vuelvo a meterme dentro de las sábanas.
olisqueo.
¿no lo oléis?
es una especie de aroma podrido,
nauseabundo, como si algo se estuviera
muriendo
debajo de todo.
me acostumbré. no me disgusta.
antes solo me llegaba cuando
estaba enferma;
ahora viene también en momentos de buena salud.
no sé qué significa.
el caso es que me quedo ahí
más de la cuenta, oliendo
esnifando ese olor a carne en mal estado
a frutas descomponiéndose,
a tierra mojada, a huesos quemados,
a sexo de ayer.
no huele bien pero
me gusta.
últimamente se sale de ahí y llega a todas partes.
saco la cabeza de las sábanas, después el cuerpo.
tengo que enfrentarme
a eso que llaman vida
otra
vez.