lunes, 18 de mayo de 2015

Kitchen

Hace poco palpé,  por primera  vez,  con  mis  manos  y  con  mis ojos,  un mundo amplio, una oscuridad profunda y un goce y una soledad sin fin. Me  parece  que,  hasta  ahora,  he  estado mirando el  mundo  con  un  ojo cerrado.
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Arropada  entre  las  mantas,  pensé  que  era  divertido  dormir,  también aquella noche, al lado de la cocina, y sonreí. Pero no había soledad. Quizá porque esperaba algo. Quizá porque estaba esperando tan sólo una cama donde poder olvidar, por un instante, las cosas que habían sucedido hasta
entonces, las que vendrían después. Al tener a alguien cerca, la soledad es más  cruel.  Pero  había  una  cocina,  plantas,  había  otras  personas  bajo  el mismo techo, paz y… es better. Sí, esto es better.
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Por más  jovial que fuera  la convivencia entre nosotros,  fui consciente bastante pronto, aunque nadie me lo hubiera explicado, de que un  silencio  escalofriante  que  se  respiraba  en  los  rincones  iba llenándolo todo, y de que había un vacío que no se podía llenar.


 En este camino escarpado, realmente oscuro y solitario, me daba cuenta de que la única salida era hacer algo brillante. Me habían criado con amor, pero siempre me había sentido sola.
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Mi  manera  de  actuar,  al  enamorarme,  siempre  ha  sido  la misma: atravesar un sitio corriendo muy deprisa. Pero, al igual que las estrellas que se entrevén a través del cielo nublado, con cada conversación parecida a la de ahora, quizá lo vaya queriendo poco a poco. 
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—Mikage, espero mucho de ti, por eso he tenido ganas de decírtelo. Yo también,  cuando  tenía  a  Yûichi  entre  mis  brazos,  mientras  lo  criaba,  lo comprendí, ¿sabes? Hay muchas cosas amargas, muchas. En realidad, una persona  que  quiera  independizarse  tiene  que  cuidar  de  algo, ¿sabes?  De niños, o de plantas, algo. Así conoces tus propios límites. Éste es el principio de todo.

Me explicó su filosofía de la vida en un tono cantarín, como una canción.
Me emocioné y dije:

—Hay muchas cosas duras, ¿verdad?
—Pues sí, pero una persona tiene que estar completamente desesperada una vez en su vida y,  entonces, sabe a  qué  cosas  de  sí  misma no puede renunciar.  Si  no,  llegará  a  la  madurez  sin  saber  qué  es  realmente  lo importante. Yo he tenido suerte, ¿no crees? —dijo ella. El cabello que caía sobre su hombro ondeaba—. Hay muchas cosas que…, creo que hay cosas tan  desagradables que  parecen  estar  podridas.  Hay  cosas  tan  duras  que dan ganas de apartar la vista. Ni siquiera el amor puede salvarte del todo.

-B. Yoshimoto