Hace poco palpé, por primera vez, con mis manos y con mis ojos, un mundo amplio, una oscuridad profunda y un goce y una soledad sin fin. Me parece que, hasta ahora, he estado mirando el mundo con un ojo cerrado.
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Arropada entre las
mantas, pensé que
era divertido dormir, también aquella noche, al lado de la cocina, y
sonreí. Pero no había soledad. Quizá porque esperaba algo. Quizá porque estaba
esperando tan sólo una cama donde poder olvidar, por un instante, las
cosas que habían sucedido hasta
entonces, las que vendrían después. Al
tener a alguien cerca, la soledad es más cruel. Pero
había una cocina,
plantas, había otras
personas bajo el mismo techo, paz y… es better.
Sí, esto es better.
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Por más jovial que fuera la convivencia entre nosotros, fui consciente bastante pronto, aunque nadie
me lo hubiera explicado, de que un silencio
escalofriante que se respiraba en los rincones iba llenándolo todo, y de que había un vacío que no se
podía llenar.
En este camino escarpado, realmente oscuro
y solitario, me daba cuenta de que la única salida era hacer algo brillante.
Me habían criado con amor, pero siempre me había sentido sola.
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Mi manera
de actuar, al enamorarme,
siempre ha sido
la misma: atravesar un sitio corriendo muy deprisa.
Pero, al igual que las estrellas que se entrevén a través del cielo nublado,
con cada conversación parecida a la de ahora, quizá lo vaya queriendo poco a
poco.
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—Mikage, espero mucho de ti, por eso he
tenido ganas de decírtelo. Yo también, cuando tenía
a Yûichi entre
mis brazos, mientras lo criaba,
lo comprendí, ¿sabes? Hay muchas cosas
amargas, muchas. En realidad, una persona que quiera
independizarse tiene que
cuidar de algo,
¿sabes? De niños, o de plantas, algo. Así conoces tus
propios límites. Éste es el principio de todo.
Me explicó su filosofía de la vida en un
tono cantarín, como una canción.
Me emocioné y dije:
—Hay muchas cosas duras, ¿verdad?
—Pues sí, pero una persona tiene que estar
completamente desesperada una vez en su vida y, entonces, sabe a qué cosas
de sí misma
no puede renunciar. Si no, llegará a la madurez sin saber
qué es realmente
lo importante. Yo he tenido suerte, ¿no
crees? —dijo ella. El cabello que caía sobre su hombro ondeaba—. Hay muchas cosas
que…, creo que hay cosas tan desagradables que parecen
estar podridas. Hay cosas
tan duras que dan ganas de apartar la vista. Ni siquiera
el amor puede salvarte del todo.
-B. Yoshimoto