sábado, 6 de junio de 2015

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La gente suele decir que lo que más recuerda del otro son sus besos, sus caricias, sus abrazos y sus palabras bonitas. Puede ser. Pero, a decir verdad, con el tiempo he aprendido a valorar otro tipo de cosas de ti que se me clavan un poco más hondo, si cabe, que las demás. Cosas tan tontas como verte actuar, moverte por la casa, pedir la cuenta en un restaurante, contarme cosas de tu infancia, verte reír, vestirte, responder un mensaje en el móvil. Tal vez esté tan acostumbrada a tu intimidad que esos momentos se hacen anormales y, no sé, me gustan. Me hacen pensar que estás tan atado a este mundo tonto como yo. Como todos, joder, como todos.