A veces la vida puede resultar tan cruel e incomprensible que a uno no le da tiempo a mirarle a los ojos y pelear. Sencillamente se detiene y observa cómo lo muelen a palos, esperando que el siguiente envite no lo haga abandonar su silla. Algunos días me preguntan por qué me dejé vencer. Por qué me parece mejor nadar a la deriva que fijar una dirección concreta y luchar contra las corrientes. En realidad no estoy vencida, solo acomodada. Creo que me merezco esta paz. Lo creo de veras.
Supongo que muchos, la gran mayoría, pensarán que la depresión se limita a días buenos, días malos, días de no me hagas salir de la cama, días de necesito un abrazo, días de hoy me fue mejor y parece que lo estoy logrando, días de gracias a él mejoré, días de necesito un trago, y todas esas mierdas superficiales y cotidianas que vivimos todos y cada uno de nosotros alguna vez. La cuestión es que la tristeza, esa emoción primaria del hombre, es totalmente adaptativa. Cada persona lo vive distinto, lo manifiesta distinto, lo combate distinto. Y cuando se prolonga durante tantos años se deforma; le salen patas, ojos, pelos, baba por una de sus bocas, peste, espantosa peste, y un sin fin de horrores de película de serie B japonesa. Nadie entiende que no se limita a lloriquear por las esquinas. Sinceramente, si tuviera que definir con una palabra la depresión a tan largo plazo, sería "aburrimiento". Va más allá de una emoción. Te destruye la memoria, la hace añicos. Eso me preocupa, a veces. No soy capaz de acordarme de voces, caras, nombres; de lo que hice ayer por la tarde, de una relación entera. Te incapacita la mente volviéndote parcialmente estúpido, impidiéndote memorizar, estudiar, comprender conceptos simples, concentrarte. Ni siquiera sé cómo es posible que me vaya bien en la universidad. Aniquila la empatía, las emociones fuertes, distorsiona la concepción del mundo y todo lo que hay en él. Es un proceso de putrefacción lento. Supongo que la peor parte es la social, la comunicativa. También se lleva por delante la libido. No disfruto del sexo, no lo he hecho nunca al cien por cien. De hecho, es una situación que me incomoda a niveles bruscos. Es jodido tener la mente demasiado ocupada en otros asuntos y no poder darle al stop y disfrutar de algo tan básico en esta vida. De ver el contacto humano como algo extraño, grotesco, repugnante, a veces. Cada día soy más torpe con la gente, no sé encajar ni me esfuerzo en hacerlo; no hago más que soltar comentarios fuera de lugar innecesariamente sinceros. No creo que pueda tener amigos como la gente suele tenerlos, ni parejas, ni familia, ni nada que se le asemeje al concepto de estabilidad. No sé qué estoy haciendo aquí. Ni siquiera quiero escribir ahora mismo y que cuatro gilipollas lo lean y crean que me conocen, que se compadezcan de las miserias.
Me sorprendió mucho presenciar muertes y dolor y no sentir las lágrimas caer. Hay eco, mucho eco aquí dentro. No queda comprensión, compasión, sensiblilidad de ningún tipo. Me estoy muriendo. Y no voy a levantarme de esa silla por ahora.