El amor se fue colando lentamente por cada poro de mi piel. Con la lentitud y pausa de un caracol, nos fuimos enamorando; día a día, año a año. Sin apenas darnos cuenta nos colgamos el cartel de hermanos, novios, amigos, pero sobretodo de compañeros. Fue una sensación muy agradable. Normalmente me sucede todo lo contrario. Si bien es cierto que mi vida es como el mar gris y plano en un día nublado de otoño, en circunstancias sentimentales se me va la mano, se me va; entro en la vida de alguien y la revuelvo hasta que sólo queda caos e intensidad. Siempre es breve, tanto que apenas me queda tiempo para saborearlo, pero me hace feliz, si es así como se dice, haber provocado que ese mar se revuelva un poco. Contigo no fue así. A veces creo que por eso puedo llamarlo amor puro y sincero. Me aferro a la idea de que lo es para no volverme loca y seguir creyendo que jamás podré regalarle algo tan desprotegido a una persona, a un ser humano.
Así, con la misma delicadeza de las gotas de lluvia antes del chaparrón, fui regalándote, sin darme cuenta, cada pedazo sano que queda en mi alma.
No me arrepiento de haberlo hecho. Si no fueran todos para ti, ¿para quién, sino?
R A I N Y D A Y .
Nadie será capaz de reemplazarte jamás. No quiero que lo hagan. Allá a dónde vaya, allá a dónde viaje, tu sombra y tus recuerdos seguirán mis pasos.
Y yo siempre estaré pendiente de mirar atrás para comprobarlo.
