jueves, 8 de octubre de 2015

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he pensado mucho en escribirte o dejarlo correr. no se me da nada bien afrontar estas cosas y me es más cómodo girar la cabeza, escapar de la realidad durmiendo y desear que todo pase deprisa. me siento tres veces más absurda si tengo en cuenta el conjunto, y sé que todo lo que pueda escribir ahora no va a servir para nada, ni siquiera para quitarme culpa de encima o sentirme mejor. pero no sé. aquí estoy, rota en dos, sin nada concreto que decir, sin nada bueno en lo que pensar. la gente dice que el positivismo va llegando conforme pasan las semanas, que uno, al final, es capaz de recordar únicamente las cosas buenas y que las heridas se cosen y ahí quedó todo. no tengo ni idea de si es verdad, es la primera vez que paso por algo así. lo que sí puedo asegurarte es que no sé dónde meterme para escapar de esta sensación. no lo entiendo, no me acostumbro, no deja de parecerme una mentira. sencillamente no puedo creerme que no estés. que te hayan separado de mí de la noche a la mañana, que todo haya terminado de una manera tan injusta, tan jodidamente cruel. me escuecen las entrañas, no paro de llorar, no puedo afrontar un carajo, no me acuerdo de cómo era mi vida sin ti. quizá lo peor es que no pude hacer nada por evitarlo, ni siquiera fui inteligente y la noche anterior a aquella mierda no me despedí. las rutinas lo matan todo; a uno se le olvida que en cualquier momento te pueden arrancar de la piel una de las pocas cosas que merecían la pena. qué irónico me resulta que de algo tan minúsculo pudiese aprender el máximo nivel de lealtad que se me ocurre. siento que todo haya tenido que acabar así. lo siento de verdad.