el perro sarnoso se mantenía en cautiverio. su habitación era pequeña, húmeda, oscura y fría. las paredes se descolchaban; la poca luz que entraba servía de guía para no perderse demasiado en las sombras. alimentaban a ese perro de tanto en cuanto, lo suficiente para que no muriese de hambre. eventualmente nadie pudo contenerlo. acabó loco y enfermo. de un golpe derribó la puerta que lo frenaba, salió al mundo exterior, esparció su enfermedad por los pasillos, por las otras habitaciones; aquél zulo había gestado algo destructivo y peligroso. era como una peste. cuando llegó a la cocina infectó todos los alimentos, absolutamente todos. la podredumbre carcomía los últimos colores vivos. ese perro estúpido no se merecía nada de lo que le estaba pasando y aún así no podía dejar de esparcir su mierda por donde pisaba. era demasiado tarde; no existía cura ni remedio, ni alivio, ni esperanza. cuando nos quitan la esperanza ya no nos quedan motivos para seguir viviendo. conozco bien la sensación. dura pocos minutos. el cerebro tiene sus estrategias para que nada lo desconecte. y sin embargo, en esos minutos de peste, cualquier cosa que podría ser mejor se reduce a la nada. queda una ventana abierta, un frasco de pastillas, un coche que iba demasiado deprisa, un río, gas.
la poca luz que entraba por la ventana era lo único que mantenía medio cuerdo y medio vivo a ese puñetero perro.
We're in a solar system
Together and alone
The bills, the smoke, the furniture
The happy home
Now you can follow your gut
Or you can follow the past
But if you knew an eclipse was coming
Why'd you even ask?