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jueves, 19 de febrero de 2015

X

Nunca terminé de entenderla. Cuando pensaba que ya estaba llegando al epicentro de su esencia, se escapaba y dejaba entre nosotros una distancia fría y vacía. Con el tiempo he llegado a la conclusión de que ese era su juego con las personas; permitía que entrases en su vida, te sumergía en su mundo extraño y una vez que quedabas allí, perdido y confundido, soltaba tu mano y dejaba que te ahogases. A muy pocos se les ocurrió que la solución era seguir nadando hacia abajo en vez de salir a la superficie. Supongo que no todos estamos hechos para compartir nuestra vida con la suya. Pero no me arrepiento de nada, si te digo la verdad. A veces, cuando amanecía a mi lado, me hacía el dormido para mirar esos primeros minutos de vida. Y la tipa, con los ojos en blanco y su habitual expresión de indiferencia, esperaba encorvada a algo. Parecía concentradísima y todas esas cosas que a uno le hacían preguntarse en qué demonios andaría metida. 
¿Sabes? Desde que nos conocimos supe que no duraría mucho. A lo sumo, unos años. Lo sabía porque ella, aunque clavase sus ojos en los míos, no me miraba. No estaba dentro de mí ni lo estaría nunca; jamás abandonó a su verdadero amante, algo que sin forma definida ni nombre le hacía sentir todo lo que jamás sintió por un ser humano. 
Por eso la dejé ir. 


sábado, 1 de noviembre de 2014

pulsaciones del 2014

bebía
fumaba
me inyectaba heroína
follaba en el suelo, en las mesas, en las camas
preparaba un café
cagaba
leía algunos poemas viejos
charlaba contigo,
y con él
y con ella
escuchaba la supersimetría
salía a dar una vuelta y conectarme
al mundo real
y después
volvía a la habitación hedionda
donde me esperaba 
la misma mierda,
diferente día