lunes, 13 de junio de 2016

ella.

la vida no ha hecho más que enseñarme que, a lo largo de los años, lo único que prevalece, paradójicamente, es lo efímero. me ha enseñado que todo lo que tiene un principio, tiene un final. que las cosas acaban muriendo, desapareciendo o simplemente se van transformando en algo insignificante, algo lejano al punto de partida. todas las películas y canciones y las historias en los libros y las promesas entre botellines han confundido la realidad. es algo bastante triste, si te paras a pensarlo. no parece que exista el infinito. nadie, por contra, me ha enseñado a aceptarlo. y es por eso por lo que las despedidas, los punto y final, los que te vaya bien y las últimas sombras de lo que fue me obsesionan. es la pequeña guerra que tengo en mi interior, y probablemente una de las más dolorosas; las despedidas de hace unos años aún queman dentro de mí. muchos piensan que soy estúpida, que le doy demasiada importancia. supongo que tienen razón. no es fácil adaptarse a la soledad y a la decepción, especialmente en personas que, de forma casi forzada, es lo único que han conocido. 

sin embargo hay un recuerdo que custodio y que marcó una gran diferencia.
era una tarde cualquiera, anochecía, y sentía que no merecía la pena vivir. tenía planeado suicidarme. algo bastante dramático para mis 12 años, creo. el caso es que desde el otro lado de la pantalla alguien me hizo levantar un momento la cabeza, olfatear el aire, agarrarme a la absurda posibilidad de que, por una vez, algo mereciese la pena. no hubo nada que me garantizase eso, ni siquiera nos conocíamos, pero sentí el chispazo en mi cerebro. era algo que me obligaba a no morir. a escarbar entre la mugre y descubrirla a ella. a descubrirme a mí en sus ojos, en su voz al otro lado del teléfono, en las tardes tirado por el suelo aprendiendo de su ser, en las noches de inquietud, en la distancia, sabiendo que algo iba mal. a día de hoy todavía lloro al recordar lo importante que fue ese día de enero en mi vida. me salvaste, ¿sabes? Con tu extraña luz, con tu calor insoportable y tu facilidad tan odiosa de colarte en mis barreras de acero me hiciste entender que merecía la pena levantar la cabeza y mirar hacia arriba. 

sin darte cuenta me hiciste creer que hay cosas que no se diluyen en el tiempo. que, a veces, las excepciones pueden llegar a cambiarte toda una vida. 

hace poco tiempo te hice una promesa. es una de las pocas cosas que he logrado cumplir. y no puedo evitar acordarme de aquél momento en el cual ya firmamos ese acuerdo, sin ni siquiera ser conscientes de ello. 

gracias por todo.



lunes, 23 de mayo de 2016

extractos de un diario escrito en Rumanía

Todos esperamos continuamente. Esperamos el tren, las colas en los parques de atracciones, a que terminen las clases, a que nos envíe un mensaje. Esperamos alegrías, emociones fuertes y canciones dedicadas. Esperamos a que de el primer paso: a que no se atreva a dar el último; esperamos, joder, esperamos.

Nos pasamos los días esperando la muerte. Y entretanto, vivimos.


24 abril 2015
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Tenía ganas de que algo extraordinario sucediese. De que la gente a mi alrededor, la que de verdad importaba, hiciese algo sorprendente para mí.

Me gustaría que me llamases en mitad de la noche y charlásemos.
Me gustaría que, al darme la vuelta para irme entre lágrimas contenidas, cambiases tu rumbo y fueses en mi dirección.
Me gustaría tanto recibir una carta, una de esas en la que se confiesan cosas.
Quisiera que, en un descuido, dejases una nota escondida en mi bolso.
Quizá una dedicatoria escondida en alguna parte.
...

Me gustaría que me provocasen un pequeño paro cardíaco con algún detalle tonto porque ya nadie lo hace.
Pero son todo fantasías idiotas.

16 abril 2015
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Alguien me dijo alguna vez que las personas que están predestinadas entre sí llevan una especie de hilo rojo atado a sus dedos, y que por mucho que se separen nunca dejarán de sentirse.

Me negué a creerlo.
Sonaba a una de esas excusas autocompasivas, a una de esas falacias que se dicen para mantener enganchada a la gente a las mentiras esperanzadoras que nos ayudan a seguir viviendo. No me gusta la gente que vive de estas cosas; me parece extremadamente vulnerable. La esperanza es el arma letal que empuja al universo a perder el tiempo. Sucede porque nos negamos a aceptar que todo lo que nos rodea tiene fecha de caducidad; especialmente las personas.

Me gustaría, sin embargo, poder creer un poco más en ello.
Me gustaría sentir esas luces de energía que invaden a uno cuando piensa que alguien permanecerá a su lado para siempre, leal e infinito como un perro.
Pero no es verdad.
Nunca lo es.


13 abril 2015
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Mi vida es una constante resistencia. Resisto el alcohol, resisto las drogas, resisto el odio, el amor, la venganza, la pena, la muerte y la vida. Resisto dejarme llevar. Lo hago porque mi existencia sería un auténtico caos, no lo necesito, ya fue suficiente. Hay cosas que me cuestan más. Puedo aguantar darle la espalda a la muerte pero apenas funciono dándole la cara a la vida. Tampoco soporto muy bien el amor. No me gusta querer. No me gusta sentirme fuera de control, sentirme perdida, asustada, preocupada, sensible. En definitiva, débil. Sé que la debilidad no es tragarse la humanidad y cagarla, mandarla lejos; sé que tampoco es hacer lo contrario, hundirse en eso que llaman pasión e intensidad y correr con el viento. Lo que quiero decir, maldita sea, es que yo me siento así cada vez que algo empapa mis entrañas con la fuerza de un terremoto.

Me quiero ir de aquí.

 09 abril 2015
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Admiro y detesto a partes iguales a todas aquellas personas que consiguen avanzar en sus vidas sin mirar atrás. La mayoría funcionan así. Entienden que la palabra "fin" es exactamente eso, un final, un punto, un 'buena suerte en la vida'. El calendario se encarga de destruir cualquier lazo afectivo que mantenían con los que fueron y ya no son, convirtiéndoles en meros recuerdos, en nombres, quizá en fechas y poco más.

Sin embargo, yo soy incapaz de hacer eso.
En vez de guardar esos archivos antiguos y polvorientos, los apilo en un rincón. Y no es que les preste atención pero lo cierto es que ocupan mucho espacio; me obligan a apartarlos al pasar, a recolocarlos y quitarles la mierda de encima, a ojearlos de vez en cuando. No hay nada que se pueda hacer. Y si intentas enseñarle esos documentos a sus dueños te miran extrañados y se encogen de hombros, pensando, "eso pasó hace mucho, qué más da".

Esta sensación se me quedó dentro desde que tenía 6, 7, 8 años. Pero no importa el principio. Tampoco importa mucho el final. Lo que de verdad es importante es el trecho entre ambas cosas, cada vez más largo, ancho y complicado.

"Yo siempre voy a buscar a todo el mundo pero nadie viene a buscarme a mí."

14 enero 2015
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El problema es que en tu ausencia noto tu presencia, y mire a donde mire, mientras busco tu silueta entre la gente, solo veo sombras.


09 enero 2015
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Si me tuvieran que preguntar cuándo comenzó todo, no sabría que responder. Quizá piensan que soy exagreda, tal vez dramática, si les digo que desde siempre; desde que tengo memoria y me recuerdo en mi habitación rodeada de juguetes, salvaguardada por una familia que no tardaría en volverse disfuncional, con un oso mugriento de color Gris entre los brazos. Lamentablemente, es así. Mi cerebro se ha encargado de destruir la mayoría de las memorias de mi infancia y sin embargo noto ese olor, esa sensación oscura que emanan.

Es jodido entender con los años que tal vez sea cuestión de algo biológico e incontrolable.
Es jodido que no paren de sumarse años y la cosa, la gran cosa, vaya a peor.
Es jodido empezar a creer que se trata de algo crónico.

29 diciembre 2014

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aquella mañana el mundo que me rodeaba se desmoronaba por momentos y yo, pequeña y brillante como una estrella, tan solo podía esperar el golpe y confiar en mi -casi- infalible capacidad de recuperación, de supervivencia; porque hiciera lo que hiciese al final pasaba lo mismo, las decepciones venían en tropel y de la fricción con mi universo podrido generaban un fuego abrasador. era casi hipnótico, no podía apartar la mirada de sus llamas, de su color azulado y amarillento, del baile estúpidamente hermoso de chispas y recuerdos y lágrimas que, sin dudarlo, brotaban de los ojos con una crueldad atroz. te recordaban que la vida y toda la mierda que traía con ella se estiraba hacia todas partes, empapándolo todo de esa humedad que deja la lluvia de los ojos en la mejilla. lo cierto es que parecía inesquivable.

vomitar toda la noche me hizo pensar que ya era suficiente. que el camino que había tomado no era el acertado, si es que había alguno acertado, claro.

y pensé en algo: a veces lo más doloroso es resistirse al cambio de dirección.

23 diciembre 2014

domingo, 22 de mayo de 2016

"La sociedad en que vivimos quiere destruirnos. El arma que emplea es la indiferencia, y hay que pasar al ataque, poner el dedo en la llaga y apretar bien fuerte. Hablar de lo abyecto: la enfermedad, la ausencia de amor, la fealdad… pero sin adherirse a ninguna idea ni profesar ninguna militancia. La militancia es para la gente feliz."


- M. Houellebecq

martes, 17 de mayo de 2016

29

escuché tu respiración
mientras pensaba en lo perdida
que me sentía
en aquél mundo ajeno,
distinto
a mí

lo sentí pasar por mi garganta:
era el bache del amor
o algo que se le 
parecía

escribir y amar es casi
la misma cosa
siempre lo hago con torpeza,
no disimulo nada;
líneas confusas que no siguen
un patrón.
se me empañan los ojos cuando
un rayo de sol
toca mi piel

decidí acariciarte un poco
podría jurar que lo notabas por
tus gestos 
era demasiado;
decidí dormir para evitar
enfrentarme a ello

hoy lo hago y me atraganto
una vez más
y como una estúpida
no me queda otra que
sonreír.



domingo, 8 de mayo de 2016

..

cuando te cruzaste en mi camino no me quedó más remedio que girar la cabeza con brusquedad, clavarme en el suelo y mirarte hasta que pasase algo, hasta que me dieses algún tipo de señal que confirmase mi teoría. ¿sabes? tengo la capacidad de detectar a las personas diferentes. a las personas que, por su peculiar forma de ser, te atraviesan el alma con tan solo dirigirte cuatro palabras banales. tienen un olor diferente, un aura extraña. es algo bastante inusual. evidentemente no abundan y a veces me hacen creer que, siendo tan difíciles de encontrar, mi esperanza girará entorno a la idea de toparme cada equis años con alguna. siento tristeza por ello, pero merece la pena, siempre lo hace. me bastaron pocas horas para engancharme a la idea de conocerte, de pasar las horas muertas contigo sin hacer nada especial; saber de tu vida, de tus gustos, de qué tipo de comida odiabas, quién te había marcado, cuáles eran tus ideales y demás curiosidades que me iban entrando poco a poco. suena bastante estúpido así escrito. una vez alguien me dijo que mi única forma de amar era a través de la admiración. realmente apenas admiro a nadie, todo el mundo termina por parecerme mediocre, lejano a mi rollo, no sé si me explico. contigo fue distinto. jamás perdí la necesidad de acercarme a tu mundo y olfatear dentro de él. hoy el tiempo me jode más de lo normal; pasa demasiado deprisa y nos separa un rato, y durante ese tiempo te pienso, me imagino tus rutinas. me viene a la mente un día que te escribí sin tú saberlo y mencioné lo mucho que pensaba en tus mañanas. no me preguntes por qué. creo que, simplemente, me das fuerzas para levantarme y dar unos pasos hacia la vida, esa tan hija de puta. quizá sea esa disciplina tuya que jamás tendré. o lo que me cuesta creer que eres feliz cerca de mí. o tal vez me haya conmovido ante la idea de que hayas ablandado un poco mi corazón. suena jodidamente cursi, pero es así. poco a poco voy aceptando que si rasco un poco me quedan bastantes sentimientos que regalarte. no le cuentes a nadie lo mucho que te extraño en el silencio nocturno, la cantidad de veces que he repasado nuestras conversaciones y la sonrisa estúpida que se me dibuja en la cara cuando te veo dormir. no le cuentes a nadie esas facetas mías tan ocultas que te he permitido ver por el simple hecho de que eres tú.


sábado, 30 de abril de 2016

SSDD

[...] en algún momento impreciso de mi vida aprendí que no somos las heridas que tenemos, sino que somos la forma de coserlas; las decepciones van volviéndonos menos susceptibles a la sorpresa. 

recuerdo cuando me decías que te parecía invencible. que envidiabas mi corazón de hielo y mi alma de hierro, que querías ser capaz de sentir la seguridad que parecía desprender por cada poro de mi piel. recuerdo que tu amor por mí se sustentaba, en parte, a la protección que te daba mi sombra allá donde fueses; la certeza de que me daría de hostias con el destino si éste fuera capaz de hacerte daño. lo cierto es que, en mayor o menor medida, me he labrado esa reputación. hoy pesan más las consecuencias malas. estoy cansada de cargar con tanto peso, con tanta responsabilidad. de llorar a escondidas para que nadie sepa lo frágil que son mis huesos, lo débil que me siento y la cantidad de máscaras que hay que ponerse para salir a la puta calle y enfrentarse a la rutina. quizá una de las razones por las que me siento tan sola es por esa incapacidad de permitir la entrada al centro de mi universo. he crecido tantos años con la idea de que los sentimientos son algo negativo y prescindible que ya no sé tenerlos; no sé gestionarlos, entenderlos y mucho menos actuar en base a ellos. [...]

jueves, 7 de abril de 2016

8

la habitación a oscuras, botellines de cerveza vacíos por el suelo, humo flotando por el espacio, las luces de madrid entrando por la persiana bajada, las plantas muriéndose, el ruido de la noche acabando allá afuera. no estábamos en condiciones de hablar. ni siquiera de mirarnos. tumbados en el mismo colchón y abismos que nos separaban, de eso podría hablaros hoy. podría hablar, en realidad, de tantas cosas. mencionaría las cosas buenas que pasan y nadie percibe hasta que las pierde; los pequeños detalles que empiezan a tener importancia cuando dejan de darse; la cantidad de conversaciones olvidadas que hoy trato de recordar. hablaría de todos los buenas noches que nos dedicamos, de las canciones que compartimos a través de sms, de las miradas que parecen tener mucho más valor del que realmente tienen. 

qué se yo. pensé en todo esto mientras te escuchaba fumar. ni tú ni yo estábamos pensando el uno en el otro, y lo sabíamos, pero nos parecía bien. cada uno luchaba contra lo que podía. me entraron ganas de llorar. con respecto a esto tengo rachas: a veces no lloro en años, y hay otros, en cambio, que me provocan más lágrimas que cualquier muerte. cada decepción resulta ser como un ladrillo que coloco en mis fronteras contra el mundo. 

me revolví un poco y cerré los ojos. no podría darse esa sensación de estar fundida con la vida. no podría llenarme los pulmones respirándola ni tampoco podría bailar por el universo. aquella noche le declaré la guerra a todo y todos porque jamás contaría con aliados. entendí, con dos litros de más, que estaba sola.