martes, 10 de enero de 2017

.

existen diferentes sabores a soledad. unos son más dulces; otros, más amargos. los hay picantes y los hay ácidos. creo que puedo presumir de conocerlos todos bien, si es que acaso se puede presumir de eso. en pocas semanas he ido desligándome de las cosas que, aparentemente, importaban. de las que me preocupaban en todo momento, de las que podían cambiarme la vida de manera brusca. y así fue. este año no se presenta agradable, para variar. echando la vista atrás me entran ganas de llorar. ¿sabes por qué? ya he hablado de esto antes. hablo de esta mierda constantemente, y no me extraña que la gente se harte de mí, no conozco otro tema de conversación. pero es lo que hay, supongo. 
ayer me sentí fuera de onda. algo iba mal. se notó especialmente ácido; estaba perdiendo los papeles. ¿por qué era así? ¿dónde quedó esa mujer fría y dura como el hielo? 
supongo que no siempre se puede fingir. y de veras que lo intento, pero no se puede; todo acaba pesando más de lo que debería.

si tuviera que definir la peor de las soledades probablemente sería aquella en la cual estás frente a la persona que quieres y no puedes evitar detestarla. en esos momentos agarrarías tus cosas y adiós, pero no hay manera de hacer eso. los pies se te anclan al suelo y solo deseas desaparecer. es tan profunda y destructiva que ni siquiera salen las lágrimas. que ironía. suele sucederle a las personas como yo que se sienten más solas e incómodas cuando están rodeadas de otra gente. en fin.

ni siquiera tengo ganas de escribir. 
que ardan. 

sábado, 10 de diciembre de 2016

follow the leader

me pasé la vida esquivando sombras, paseando 
por la oscuridad, 
bailando entre demonios que
no tenían
cara
aprendí, a base de recibir golpes
a ser grácil
liviana y
hábil en lo mío
nadie podía superarme; sentada en
aquella cima de 
mierda
era la reina de las tinieblas.

en algún momento esos
demonios aprendieron a
subir
escalaron en silencio todas
aquellas trabas

llegaron
a mí

tenían un mensaje importante que
darme:
todo lo abstracto
se solidifica
adquiere una forma y
te mira a los ojos;
nadie me enseñó a esquivar 
eso.

traté de aferrarme a 
todo lo que había aprendido
ese baile estúpido que
en algún
sentido
me hacía creerme más inteligente
más hábil
y más preparada que cualquier
otro

nada pudo parar a
esos demonios;
se llama realidad
y nunca
trajo nada bueno.

por primera vez en años
me siento sola
y 
tengo miedo de
ello.


sábado, 3 de diciembre de 2016

en días como hoy

el perro sarnoso se mantenía en cautiverio. su habitación era pequeña, húmeda, oscura y fría. las paredes se descolchaban; la poca luz que entraba servía de guía para no perderse demasiado en las sombras. alimentaban a ese perro de tanto en cuanto, lo suficiente para que no muriese de hambre. eventualmente nadie pudo contenerlo. acabó loco y enfermo. de un golpe derribó la puerta que lo frenaba, salió al mundo exterior, esparció su enfermedad por los pasillos, por las otras habitaciones; aquél zulo había gestado algo destructivo y peligroso. era como una peste. cuando llegó a la cocina infectó todos los alimentos, absolutamente todos. la podredumbre carcomía los últimos colores vivos. ese perro estúpido no se merecía nada de lo que le estaba pasando y aún así no podía dejar de esparcir su mierda por donde pisaba. era demasiado tarde; no existía cura ni remedio, ni alivio, ni esperanza. cuando nos quitan la esperanza ya no nos quedan motivos para seguir viviendo. conozco bien la sensación. dura pocos minutos. el cerebro tiene sus estrategias para que nada lo desconecte. y sin embargo, en esos minutos de peste, cualquier cosa que podría ser mejor se reduce a la nada. queda una ventana abierta, un frasco de pastillas, un coche que iba demasiado deprisa, un río, gas. 

la poca luz que entraba por la ventana era lo único que mantenía medio cuerdo y medio vivo a ese puñetero perro. 

We're in a solar system
Together and alone
The bills, the smoke, the furniture
The happy home

Now you can follow your gut
Or you can follow the past
But if you knew an eclipse was coming

Why'd you even ask?

domingo, 27 de noviembre de 2016

.-

sentarse a escribir en un día sin lluvia, sin sol. hasta arriba de nicotina y ganas de mandarlo todo al cuerno. con cuánta frecuencia llega esa sensación tan conocida, ¿verdad? dejo que la depresión me muerda los talones, estoy cansada de correr; aminoro el paso, le doy la mano y nos sentamos un rato en mitad de la carretera. no hay mucho más que hacer salvo encender otro cigarro y perder la mente un rato por cualquier gilipollez mundana.

alguien que pasa de largo se ha parado un segundo a preguntarme que por qué siempre estoy tan triste. no sé, le respondo. realmente no lo sé.

veo en todas las caras un atisbo de ese sentimiento que me atormenta día y noche. logro percibir la tristeza allá donde vaya, entre las parejas de enamorados, en las familias cuando cenan en Navidad, en los niños cuando salen del colegio. una parte de mí se pregunta si ellos no la ven, y de ser así, ¿cuándo lo empezarán a hacer? 

me subo a un autobús. ha sido un día bueno, me digo mientras voy sentándome. pongo una canción. la mierda se empieza a colar por las grietas del muro de hoy, que ya no aguanta; me atraganto, contengo las lágrimas. vuelve a morderme los talones esa hija de puta, ¿y sabes qué? no hay forma de pararla. tiene un tamaño descomunal. hace muchos años que me vi pequeña a su lado y dije, oye, no pasa nada, quédate un rato más. 

estoy cansada. no hay ni un solo segundo en mi soledad que no me sienta así.
no me gusta lo que escribo. no me gusta escribir sobre ella. no me gusta escribir sobre la nostalgia constante que me martillea el cerebro. caras que ya no están, sonidos que se han perdido en un eco cada vez más difuso, botellines de cerveza sola en un bar, o en mi casa; cigarrillos a la mitad, relaciones que se estropean, un futuro cada vez más incierto. y ese refugio cutre que todo marginado social ha encontrado en internet, supongo.


sábado, 22 de octubre de 2016

Karasuma

Me reconozco una persona de repeticiones. Escucho las mismas canciones desde hace años, veo las mismas películas, utilizo las mismas camisetas, considero los mismos sitios como algo especial. Soy capaz de sentir las mismas cosas que hace 10 años, un poco descafeinadas, quizá, pero con el mismo olor. Mi cuerpo se sigue moviendo entre la comodidad de lo conocido, huyendo del pánico a conocer. He perdido la capacidad de adaptación. O tal vez no quiera adaptarme a lo nuevo. Es así como funciona mi cerebro; rechaza las situaciones que puedan arrancarme del nido en el que he construido mis frágiles, y a la vez sólidos, pilares. 

Cuando me asomé al balcón era de noche, pero las luces de Shibuya aclaraban la oscuridad. El piso no era nada fuera de lo común, pero me anclé brevemente a la posibilidad de verme en diez años paseando por esos callejones. Se podía ver un parque, rascacielos, gente regando las plantas antes de entrar y cenar. Me imaginé entrando en los mismos restaurantes; en las mismas tiendas, cogiendo los mismos metros, sintiendo la misma calidez del verano. También me imaginé subiendo al Tokyo Sky Tree, muerta del pánico, con la estúpida idea en la cabeza de volver a encontrarte. Te aseguro que es el único sitio en el que no volvería a ir si no fuese por ese pequeño y crítico detalle. Incluso ahora, mientras fumo un cigarro y escribo estas líneas, vuelvo a sentir la misma sensación de náusea que entonces. 

Es curioso, ¿verdad? La imposibilidad de avanzar mientras la vida te obliga a seguir caminando. 

Me gustaría tener el valor de enfrentarme a aquello y escribir varias páginas, pero no soy capaz. Para cuando esté preparada será demasiado tarde, y volveré a contarte lo imbécil que fui por no materializar algo tan importante, por haberme perdido en esa comodidad. 

domingo, 25 de septiembre de 2016

Prisma

"Toma lo que te da la vida, y acéptalo."

No existen mejores profesores que los años que se van acumulando a la espalda. Que las experiencias que vamos viviendo, los momentos que se quedan grabados a fuego en la retina. Si eres un poco espabilado aprendes deprisa que este juego va de adaptarse; de modificar la forma en base al molde que nadie te obliga a tener salvo tú mismo. En definitiva, veo la vida como resignación. Resignación a unas circunstancias. Al conformismo más amable y deprimente que pudiera imaginar. A encoger los hombros ante una nueva decepción que, en el subconsciente, ya había sucedido antes. A apretar los dientes y respirar hondo para evitar las lágrimas y seguir un día más, un año más aquí. A contenerse ante la ira, ante los celos, ante la venganza, ante las ganas de alzar la voz. He conocido a muy pocas personas capaces de sobrellevar todo esto, y francamente, a más poder de adaptación, mayor fortaleza. ¿No es así? 

Hay noches en las que me paro a pensar que nada de esto es justo.
Que la vida no es justa nos lo han repetido mil veces. Y últimamente bajo la mirada; escojo el camino que tan bien he aprendido.
Probablemente tú, que me estás leyendo en un rato de no hacer nada, o quizá porque me echas de menos, o sientes curiosidad, no sé, créeme cuando te digo que eres bastante afortunado. Sólo por el hecho de no haber nacido con una jodida piedra en cada zapatilla; por no inhalar humo, por no asfixiarte bajo los rayos del sol. Por no sentir pánico en cada verano, por no huir de las primaveras. Por no sentirte el ser más miserable y gilipollas de toda la cuidad. 

La gente con ganas y fuerza para revolverse a las cadenas que ellos mismos se han colocado me provocan una leve risa triste. Si fuese un poco más sencillo... si tuviese, aunque solo fuera, un 1% de esperanza... quizá podría intentarlo. 
No creo que suceda jamás. 

domingo, 11 de septiembre de 2016

---

Todavía no tienes ni idea de lo fuerte que puedes llegar a ser.
No agaches la cabeza cada vez que pases por un grupo numeroso de tíos. 
Aprovecha esos últimos días en los que las cosas entre tu padre y tú no están tan jodidas.
Deja de obsesionarte con las pastillas; son inútiles.
Tranquilízate, acabarás por salir de ese infierno y no volverás a saber nada de ellos.
Las personas que menos te esperas te van a traicionar; por el contrario, fíate de tus intuiciones, ellos son inamovibles.
Espera a los diecinueve, verás que empiezas a sentirte un poco más libre.
Sal corriendo de esas relaciones tóxicas; aunque tú no lo sepas, eso se llama maltrato.
Aunque las cosas cambien, recuerda, jamás dejó de ser especial.


Volveréis a veros. No de la manera que esperas. No en el escenario que esperas, ni tampoco en un día soleado, ni en una noche entre bares y restaurantes, ni por las calles en un día de lluvia: pero os veréis. Y será como si una bala te atravesara todo el pecho, soltando metralla.

En el horizonte menos esperado, tu fuerza de voluntad se hará un poco más fuerte.
¿Ves esos edificios? ¿Ves esas luces en la noche?

Querida yo del pasado: ni se te ocurra morirte todavía. Ni lo intentes. Entre tú y yo, quedan cosas jodidamente increíbles por vivir.