jueves, 3 de marzo de 2016

oh, claro

abres un botellín, lías un cigarro, te acomodas en
cualquier rincón mullido
se acerca un hombre
bueno, no está mal, piensas
encaja de alguna manera con
la situación
entras en su mundo
quizá demasiado plano
dejas que ame un poco,
follas, follas otra vez, fumas
y más de lo mismo
pero ya se acabó la gran cosa

los tíos siempre
fueron mi gran problema

encuentro distracción
evasión
y aplaca un poco tanta tristeza
rancia
admiro su estructura y la
repudio a la vez
(no dejan de ser personas)
pero siempre me hacen replantearme
alguna cosa que
en su momento, se
escapó

es bastante irónico:
soy una caricatura de
mí misma

puedo poner día y mes
y año
justo cuando desgasté todo el
sentimentalismo que podía almacenar
lo desgasté contigo
con tus ojos, tu voz
y ese olor que enloquecería a cualquier
cuerdo
todo lo demás son sombras
de la figura original

no sé qué cojones
ando escribiendo, o queriendo
deciros
no echo de menos a ese tipo;
de una llamada
un par de palabras, y un lugar escondido
le tendría de nuevo entre
mis piernas
pero no es eso
es más bien la verdadera nostalgia
la que se escapa a los idiotas
echo de menos encontrarnos en ese sitio
tan enamorados, tontos
del culo
queriendo y no
pudiendo
extraño mis 16, mis 17
y aunque estuviese más encantada
con la idea del
suicidio,
era bastante más llevadero
de lo que es ahora

no puedo soportarlo, pienso
mientras camino
hacia algún metro de
madrid.

martes, 1 de marzo de 2016

se nos hace de noche.

tuve una sensación fuera de lo común. llegó rápida y sigilosa, entró por mis venas, aterrizó en mi corazón. decidí mirar hacia el cielo y luego te miré a ti. en ese preciso instante supe que recordaría ese momento el resto de mi vida. no estaba pasando nada especial. no me besabas, ni me tocabas siquiera, aunque te lo estuviese pidiendo a gritos sordos. no hablábamos. el silencio, las luces y el cielo negro era todo. de repente sentí que algo se acomodaba dentro. eras tú, era ese lugar, era la hora y el segundo. no se volvería a repetir. de hecho, ni siquiera nos conocíamos demasiado como para que todo aquél circo emocional tuviese una justificación lógica. nunca la hay en estos casos. llega como un maremoto y arrasa con todo dejando únicamente una sinceridad loca y desnuda, una confusión breve, el calor del sol en invierno; no sabría explicar con palabras lo que provocaste. sólo puedo decirte que allí solo exististe tú y todo lo demás desapareció. 

desearía que esto me pasase más a menudo. desearía ser capaz de arrancarme las pocas buenas cosas que quedan en mi interior y regalártelas, justo en ese instante, para que las mantuvieras contigo como un recuerdo extraño y fugaz. 

lunes, 29 de febrero de 2016

4

decidí sentarme en el
umbral 
subí la cremallera hasta arriba
enterré los pies en la 
nieve
encendí un cigarro;

esperaba a los trenes que
pasaban
una y otra vez 
por delante de mí

esperaba a la gente que
perdí por el camino
y hoy me miraba con indiferencia y
algo de lástima

esperaba a que el amor
no siguiese escapando a
cada calada
que el odio, el rencor
y todo eso
se mantuviese dentro y 
diese, no sé
un poco de calor

esperaba a que las luces
dejasen de temblar
a cada 
recuerdo
con tu nombre

pero todo se iba en 
aquellas madrugadas
lo veía irse
no podía desenterrar los pies
ni dejar de fumar
sencillamente el sonido del adiós
me partió los huesos
y dejó dentro
humo




Another heartbeat, waking up the whole street,
I was never much for hopeless carry on,
When the scar bleeds, wait until you can't scream,
I won't be the last, so watch me take this home.

Somewhere else instead,
I'll always be the one to hope for,
Scratches on your legs,
It's okay, it's okay.

domingo, 21 de febrero de 2016

3

aquél día no demasiado cálido el sol acariciaba mi piel. se escuchaban ladridos de perros muy lejanos, voces de personas, el ajetreo de una ciudad viva. todo estaba sucediendo a la vez que yo clavaba mis ojos en los tuyos como si eso fuese lo único, lo único: no era capaz de entender aquella emoción que me emborrachó de inmediato. no sabía del todo bien, algo así como cuando bebes tequila. definitivamente, iba mal. desde la profundidad de tu alma me llegó un mensaje en voz baja. era el final. algún tipo de final que ni siquiera hoy, años después, sé entender, definir. pero un final al fin y al cabo. qué aterrador es eso, ¿verdad? saber que la persona a la que quieres, admiras y necesitas jamás va a corresponderte al nivel con el que sueñas despierto. pero aquél día en mitad de una plaza de madrid lo supe con certeza, y se clavó en el centro de mi gravedad, desestabilizándola. me sorprende que en ese momento no fuese capaz de disfrutar de los pequeños detalles, que mi memoria haya eliminado la mayor parte de nuestras conversaciones, sí, de esas que me cambiaron la vida, de esas que me hicieron comprender tantísimas cosas. desconozco el mes, el año, el día. tan solo sé que ese momento se ha congelado en mis recuerdos y me asalta de vez en cuando interrumpiéndolo todo. incluso lloro un poco. no sé. hay cosas que no terminan de superarse nunca. 

seguimos caminando bajo el mismo cielo encapotado pero las cosas son un poco distintas. no sirve de nada lamentar los errores pasados, pero te garantizo una cosa: nadie ha logrado jamás entrar en mi universo como lo has hecho tú. 

miércoles, 17 de febrero de 2016

Cartas que recibí de ayer

Una vez conocí a una mujer cuyos ojos traían tormentas, y en la profundidad de sus huesos se olía la humedad del mar. Su vida era tan imperfecta como su forma de andar por el mundo; caótica, errática, poco natural. Se notaba, a poco que hablases con ella, que estaba adaptada a existir entre el resto de personas, y casi podía engañarte con su espontaneidad. Sin embargo, pronto supe que esa mujer escondía un rechazo inevitable hacia todo lo demás, hacia todo lo que no fuese suyo; su alma se retorcía ante la idea de tener que seguir participando en aquello, pero lograba contenerla con muros de acero. Conocí a una mujer capaz de llevarte a la locura. Sabía lo que tenía que decir, cómo tenía que decirlo, qué artimañas hacían falta para hacerme sentir protegido, interesante, alguien digno, quizá. De repente noté mis entrañas abrirse para ella, la noté colándose por cada rincón, era demasiado tarde; ya era suyo. Conocí a una mujer que no llamaba la atención queriendo. Todos nos girábamos para observarla atrapados de inmediato por sus pasos, por su pelo, por sus inesperadas respuestas. Era como enfrentarse a una especie desconocida. ¿Sabes? Conocí a una mujer que, durante un rato, me hizo sentir afortunado. Me hizo regalarle mi alma pensando que yo podría obtener la suya y quedármela egoístamente, pero no fue así; en poco tiempo descubrí que era imposible retenerla, se escapaba entre mis dedos como arena, como humo. Volaba hacia una dirección que no podía seguir. Esta mujer me hizo comprender con el paso de los años que era mejor así. Que las barreras que había construido no se podían escalar, y que no era necesario hacerlo. Me enseñó que las despedidas nunca son un adiós, sino un hasta que volvamos a coincidir; que no tenía que quedarme con el sabor de dejarla volar y, que en cambio, guardase sus plumas en un cajón y las mirase de vez en cuando a media sonrisa. Ella volvería. En las tormentas de sus ojos se escribió esa especie de promesa.

killing all the flies . mogwai

miércoles, 27 de enero de 2016

2

tan acostumbrada a sufrir el peso de los días, del cansancio de una existencia infeliz y las noches sin dormir, cualquier luz que alumbrase mi oscuridad personal era equiparable a respirar debajo del agua. podría describirlo como un encuentro inusual y fuera de lugar. aún a pesar del calor que desprendía, no terminaba de sentirme cómoda. no estaba acostumbrada a encontrarme con cosas bonitas por el camino, y mucho menos a que se dirigiesen a mí sin tener en cuenta las tormentas que eran mi sombra. 

en cuanto lo tuve delante torcí el morro. la intuición me decía que siguiera, que siquiera sin pensar en nada mas que él. que no hiciera preguntas, que no me plantease las respuestas; que rompiese mis costillas para dejar salir lo que hubiese dentro. me pareció buena idea. sin previo aviso ese calor se me agarró a los huesos, y sí, cometí el error de acostumbrarme, pero qué error más necesario, joder. respiré hondo. ¿qué estaba haciendo? la única respuesta fue encogerme de hombros y sonreír un poco. me entristecía pensar que hacía un tiempo que no sonreía así; los días empezaban a ser poco más amables, más tiernos y más suaves, y yo no sabía bien qué cojones estaba pasando, ni me importaba, ¿sabes? no, no me importa nada. 

no tengo control sobre mi velocidad. a veces se me escapa y entro a patadas en la vida de alguien. lamento no poder establecer un poco de margen de reacción. sencillamente soy incapaz. 
doy vueltas en la cama. no puedo dormir, ni despertarme; llenas demasiado ese espacio sin ni siquiera ser consciente de ello. amanece en Madrid.



domingo, 24 de enero de 2016

1

a veces me invaden recuerdos muy concretos y lejanos, y sólo me duran un segundo: me da tiempo a experimentar las sensaciones y sentimientos que vivía entonces. Llega como una bala que atraviesa todo el cráneo, hasta el centro del cerebro, y allí hace florecer zarzamoras. Me recuerdo con cinco o seis años haciendo cosas poco normales para un crío. Caminando sola por los bosques que rodeaban mi casa, mi único objetivo era encontrar materiales para construir una cabaña donde poder refugiarme unas horas al día. Realmente quería hacerlo. Durante meses fui fabricando una estructura encima de unos árboles a los que se podía trepar fácilmente. Un día conocí un perro vagabundo que, por alguna razón, comenzó a seguirme. Todos los días nos íbamos juntos a la cabaña. Me parecía mucho más amable que la mayoría de la gente. Le llevaba comida y todo eso. Hablaba con él. Esas cosas.
En fin, aquellos tiempos eran mucho más sencillos. Realmente creía que haciendo eso podría evitar sentirme tan fuera de lugar, y, en cierto sentido, lo conseguía. En cambio, ahora me es imposible encontrar un poco de comodidad en el mundo. Mi vida consiste en escoger lo mejor de lo peor, no hay algo más allá. Al acordarme de las tardes soleadas de verano y verme a mí tumbada en la hierba sin pensar en nada, se me atragantan las entrañas y algo empieza a ir mal. Todo queda demasiado lejos. Absolutamente todo.