jueves, 10 de marzo de 2016

6

por algún motivo me desperté un poco antes. yo era de esas personas que se pasan horas retozando en las sábanas sin querer levantarse, dejar correr las horas, esperar a sentirme mejor y entonces salir, pero aquella mañana tomé la iniciativa. me fumé un cigarro, caminé un poco por la casa, desayuné. reflexioné sobre mis sentimientos. y luego entré en la habitación sin hacer ruido, me senté en una silla y te observé. un poco de luz se filtraba, la suficiente para que los detalles tuyos fuesen claros para mí. me gustaba la expresión de tranquilidad que tenías. no se solía ver a menudo. tu pelo, largo y brillante, era otra de las cosas que en mis ratos libres envidiaba. sonreí un poco. habíamos vivido tantas cosas que me era imposible sostenerlas con una mano, con dos. me entraron ganas de llorar. no sabía bien qué me pasaba, supongo que no era capaz de soportar la situación, todo era demasiado triste para mí. te amaba. sin más. y aquello me tenía confundida e incómoda. yo no quería a muchas personas hasta ese punto. solo a tres. ¿qué curioso, no? es una de nuestras grandes coincidencias. me puse nerviosa, aparté la mirada. me pregunté si te merecía. si debiese parecerme un poco más a tu sur, si mi norte era realmente tan destructivo para ti. me tenías, y supongo que aquello me hacía odiarte un poco. siempre te he regañado cuando me contabas que dependías de la gente, pero ya sabes, yo sé mucho de todo el mundo y no sé un carajo de mí. 

hoy recuerdo aquella mañana y vuelvo a atragantarme. eres un ser diferente, especial. sé que todos te envidian por haber alquilado un trozo de mi alma, pero no deberían hacerlo. ha sido fácil. cuando nos conocimos, ese mismo día, supe que no conseguiría desprenderme de tus ojos. me hace gracia que nadie entienda nuestra relación y me gusta, eso lo hace todo más íntimo. 

me molesta que no seas capaz de ver lo preciosa que eres. hasta deslumbras a los cuervos que revolotean por mi habitación. 
espero que nos veamos pronto.

R

lunes, 7 de marzo de 2016

5

tengo algo en mente, una preocupación, una reflexión, algo que quiero compartir con el mundo, contigo. pienso en ello todo el día. elijo las palabras concretas, me imagino la situación adecuada para hablarte y que me escuches. entonces vengo al ordenador. abro esta mierda, pongo los dedos en las teclas, suena alguna canción de las mías. y me quedo muda. no sé qué pasa. no soy capaz de componer una sola frase sin atragantarme. pienso en todos los momentos aleatorios en los que se me saltaron las lágrimas y quise detener aquella sensación. pienso en todo lo que callo por el bien común, los sentimientos que escondo, las cosas que se llevó el viento y desaparecieron. pienso en algunas personas, trato de imaginarlos con detalle. algunos disfrutan de su vida. realmente, la mayoría. ahora duermen, sueñan, todo eso. mañana se levantarán con la típica expresión de he dormido lo justo pero está bien. se harán un desayuno, cogerán un metro, un autobús, un coche, irán a enfrentarse a su día a día. volverán con historias que contar a alguien que les escuche y les proteja. no sé. entonces me miro a mí. lo estoy haciendo ahora. no veo ninguna similitud con nadie, y es realmente triste. la soledad se hace insoportable. en estos momentos es como si el mundo se hubiese evaporado y solo quedase yo escribiendo cartas de nadie, para nadie. ¿recuerdas eso?


"se extinguieron todos 
los seres humanos
y a veces oía golpes en
mi puerta
años después, también
te extinguiste tú;
ahora solo se escucha el pitido
de la nada."


jueves, 3 de marzo de 2016

oh, claro

abres un botellín, lías un cigarro, te acomodas en
cualquier rincón mullido
se acerca un hombre
bueno, no está mal, piensas
encaja de alguna manera con
la situación
entras en su mundo
quizá demasiado plano
dejas que ame un poco,
follas, follas otra vez, fumas
y más de lo mismo
pero ya se acabó la gran cosa

los tíos siempre
fueron mi gran problema

encuentro distracción
evasión
y aplaca un poco tanta tristeza
rancia
admiro su estructura y la
repudio a la vez
(no dejan de ser personas)
pero siempre me hacen replantearme
alguna cosa que
en su momento, se
escapó

es bastante irónico:
soy una caricatura de
mí misma

puedo poner día y mes
y año
justo cuando desgasté todo el
sentimentalismo que podía almacenar
lo desgasté contigo
con tus ojos, tu voz
y ese olor que enloquecería a cualquier
cuerdo
todo lo demás son sombras
de la figura original

no sé qué cojones
ando escribiendo, o queriendo
deciros
no echo de menos a ese tipo;
de una llamada
un par de palabras, y un lugar escondido
le tendría de nuevo entre
mis piernas
pero no es eso
es más bien la verdadera nostalgia
la que se escapa a los idiotas
echo de menos encontrarnos en ese sitio
tan enamorados, tontos
del culo
queriendo y no
pudiendo
extraño mis 16, mis 17
y aunque estuviese más encantada
con la idea del
suicidio,
era bastante más llevadero
de lo que es ahora

no puedo soportarlo, pienso
mientras camino
hacia algún metro de
madrid.

martes, 1 de marzo de 2016

se nos hace de noche.

tuve una sensación fuera de lo común. llegó rápida y sigilosa, entró por mis venas, aterrizó en mi corazón. decidí mirar hacia el cielo y luego te miré a ti. en ese preciso instante supe que recordaría ese momento el resto de mi vida. no estaba pasando nada especial. no me besabas, ni me tocabas siquiera, aunque te lo estuviese pidiendo a gritos sordos. no hablábamos. el silencio, las luces y el cielo negro era todo. de repente sentí que algo se acomodaba dentro. eras tú, era ese lugar, era la hora y el segundo. no se volvería a repetir. de hecho, ni siquiera nos conocíamos demasiado como para que todo aquél circo emocional tuviese una justificación lógica. nunca la hay en estos casos. llega como un maremoto y arrasa con todo dejando únicamente una sinceridad loca y desnuda, una confusión breve, el calor del sol en invierno; no sabría explicar con palabras lo que provocaste. sólo puedo decirte que allí solo exististe tú y todo lo demás desapareció. 

desearía que esto me pasase más a menudo. desearía ser capaz de arrancarme las pocas buenas cosas que quedan en mi interior y regalártelas, justo en ese instante, para que las mantuvieras contigo como un recuerdo extraño y fugaz. 

lunes, 29 de febrero de 2016

4

decidí sentarme en el
umbral 
subí la cremallera hasta arriba
enterré los pies en la 
nieve
encendí un cigarro;

esperaba a los trenes que
pasaban
una y otra vez 
por delante de mí

esperaba a la gente que
perdí por el camino
y hoy me miraba con indiferencia y
algo de lástima

esperaba a que el amor
no siguiese escapando a
cada calada
que el odio, el rencor
y todo eso
se mantuviese dentro y 
diese, no sé
un poco de calor

esperaba a que las luces
dejasen de temblar
a cada 
recuerdo
con tu nombre

pero todo se iba en 
aquellas madrugadas
lo veía irse
no podía desenterrar los pies
ni dejar de fumar
sencillamente el sonido del adiós
me partió los huesos
y dejó dentro
humo




Another heartbeat, waking up the whole street,
I was never much for hopeless carry on,
When the scar bleeds, wait until you can't scream,
I won't be the last, so watch me take this home.

Somewhere else instead,
I'll always be the one to hope for,
Scratches on your legs,
It's okay, it's okay.

domingo, 21 de febrero de 2016

3

aquél día no demasiado cálido el sol acariciaba mi piel. se escuchaban ladridos de perros muy lejanos, voces de personas, el ajetreo de una ciudad viva. todo estaba sucediendo a la vez que yo clavaba mis ojos en los tuyos como si eso fuese lo único, lo único: no era capaz de entender aquella emoción que me emborrachó de inmediato. no sabía del todo bien, algo así como cuando bebes tequila. definitivamente, iba mal. desde la profundidad de tu alma me llegó un mensaje en voz baja. era el final. algún tipo de final que ni siquiera hoy, años después, sé entender, definir. pero un final al fin y al cabo. qué aterrador es eso, ¿verdad? saber que la persona a la que quieres, admiras y necesitas jamás va a corresponderte al nivel con el que sueñas despierto. pero aquél día en mitad de una plaza de madrid lo supe con certeza, y se clavó en el centro de mi gravedad, desestabilizándola. me sorprende que en ese momento no fuese capaz de disfrutar de los pequeños detalles, que mi memoria haya eliminado la mayor parte de nuestras conversaciones, sí, de esas que me cambiaron la vida, de esas que me hicieron comprender tantísimas cosas. desconozco el mes, el año, el día. tan solo sé que ese momento se ha congelado en mis recuerdos y me asalta de vez en cuando interrumpiéndolo todo. incluso lloro un poco. no sé. hay cosas que no terminan de superarse nunca. 

seguimos caminando bajo el mismo cielo encapotado pero las cosas son un poco distintas. no sirve de nada lamentar los errores pasados, pero te garantizo una cosa: nadie ha logrado jamás entrar en mi universo como lo has hecho tú. 

miércoles, 17 de febrero de 2016

Cartas que recibí de ayer

Una vez conocí a una mujer cuyos ojos traían tormentas, y en la profundidad de sus huesos se olía la humedad del mar. Su vida era tan imperfecta como su forma de andar por el mundo; caótica, errática, poco natural. Se notaba, a poco que hablases con ella, que estaba adaptada a existir entre el resto de personas, y casi podía engañarte con su espontaneidad. Sin embargo, pronto supe que esa mujer escondía un rechazo inevitable hacia todo lo demás, hacia todo lo que no fuese suyo; su alma se retorcía ante la idea de tener que seguir participando en aquello, pero lograba contenerla con muros de acero. Conocí a una mujer capaz de llevarte a la locura. Sabía lo que tenía que decir, cómo tenía que decirlo, qué artimañas hacían falta para hacerme sentir protegido, interesante, alguien digno, quizá. De repente noté mis entrañas abrirse para ella, la noté colándose por cada rincón, era demasiado tarde; ya era suyo. Conocí a una mujer que no llamaba la atención queriendo. Todos nos girábamos para observarla atrapados de inmediato por sus pasos, por su pelo, por sus inesperadas respuestas. Era como enfrentarse a una especie desconocida. ¿Sabes? Conocí a una mujer que, durante un rato, me hizo sentir afortunado. Me hizo regalarle mi alma pensando que yo podría obtener la suya y quedármela egoístamente, pero no fue así; en poco tiempo descubrí que era imposible retenerla, se escapaba entre mis dedos como arena, como humo. Volaba hacia una dirección que no podía seguir. Esta mujer me hizo comprender con el paso de los años que era mejor así. Que las barreras que había construido no se podían escalar, y que no era necesario hacerlo. Me enseñó que las despedidas nunca son un adiós, sino un hasta que volvamos a coincidir; que no tenía que quedarme con el sabor de dejarla volar y, que en cambio, guardase sus plumas en un cajón y las mirase de vez en cuando a media sonrisa. Ella volvería. En las tormentas de sus ojos se escribió esa especie de promesa.

killing all the flies . mogwai