viernes, 7 de noviembre de 2014

día 2, hoy no estoy para nadie

Recuerdo ese día de una forma extraña. En realidad no ha pasado mucho tiempo desde entonces y, aún así, lo siento lejano, frío, borroso. Como si no hubiese sido mi vida la que se encontró con la tuya en mitad de la calle, cerca de Febrero. Estaba sentada en la nada, mirando a la nada, y entonces apareció tu silueta. La miré. De alguna manera me llegó esa sensación ansiosa, agresiva y hambrienta que desprendías. ¿Sabes? Ni siquiera tenía ganas de sentir pánico. Supongo que te diste cuenta cuando me miraste. 

Hablamos un poco. Me convenciste para ir a tomar algo y todo eso. A pesar de mi desidia tu conversación logró evadirme, hacerme sentir bien, qué se yo. Me acuerdo del frío, de la soledad, de esa horripilante manera de funcionar, como diciendo "me dejaré llevar, dejaré de vivir un rato". Y también me acuerdo de detalles que jamás se borrarán de la mente; tu mirada peligrosa, el humo confundiéndose con el vaho que salía de tu boca al fumar, la cerveza que pediste para mí, ese ruido que hacían tus botas al caminar... ¿entiendes, no? Claro que sí. 

Ni siquiera sé por qué dejé que me llevaras a casa. No, no hablabas de la mía, sino de la tuya. Y te seguí, igual que un niño seguiría a un secuestrador con caramelos. Parecía una ridícula secuencia de casualidades, de coincidencias. Después de un rato nos pinchamos, yo por primera vez. Y luego follamos, ya no por primera vez. ¿Y más tarde? Supongo que fue lo mejor. Sentía que estaba donde tenía que estar ese asqueroso día, contigo, entre sábanas en un puñetero colchón tirado por el suelo. Ahora me hace cierta gracia que justo antes de caer dormida, susurré "ey, no me has dicho tu nombre". Y fue demasiado tarde; para cuando me lo dijiste ya no estaba. Pero no voy a hablar más de eso. 

En fin, no sé qué fue de ti. Al día siguiente te evaporaste como si nunca hubiese pasado algo. Hiciste como hacía yo antaño, y sentí que era demasiado; aparecer de la nada como un jodido ángel salvador, invitar al suicida a unas pocas risas y desaparecer. Al fin y al cabo hay gente que está destinada a vivir de esa manera, supongo. Dijiste, nada más verme muriendo, "a esta ronda invito yo. Espero no tener que volver a hacerlo, joder." 

No creo que seas consciente de las huellas que dejaste, de las marcas, de las cicatrices. Secuelas irreparables, infinitas. Dependencia. Autodestrucción. 

Pero, ¿sabes? 
quisiera que 
volvieras 
para firmarme la piel 
una vez 
más.


Parece estúpidamente obvio que la vida sería mucho más fácil si encontrásemos a alguien con quien quedarnos muchos años; cada uno con su vida, cada uno con su mierda, pero caminando sin cesar por una senda común, separados por la misma distancia que tendría un cigarrillo con unos labios. 

sábado, 1 de noviembre de 2014

pulsaciones del 2014

bebía
fumaba
me inyectaba heroína
follaba en el suelo, en las mesas, en las camas
preparaba un café
cagaba
leía algunos poemas viejos
charlaba contigo,
y con él
y con ella
escuchaba la supersimetría
salía a dar una vuelta y conectarme
al mundo real
y después
volvía a la habitación hedionda
donde me esperaba 
la misma mierda,
diferente día

26.700

he visto tus manos, 
las he querido besar
he visto tus brazos,
los he querido besar
he visto tus ojos,
los he querido besar
he visto tu polla, tus pies, tu espalda
los lunares
y lo he querido besar todo

te quiero a ti,
pero no estás
ahora.

¿dónde?
tal vez tenga que volver a la calidez de aquél túnel
o a ese banco
o esa especie de concierto al aire libre
quizá vaya a buscarte en navidades,
o mejor en verano,
no, mejor
en marzo o así

joder
necesito otro
cigarro.

domingo, 26 de octubre de 2014

perdidos para siempre

No lo entendía. Estaba fuera de mi alcance, fuera lo que fuese. Miré por la ventana y me fijé en la risa de los demás, en su forma de caminar, de toquetearse el pelo al hablar de sí mismos, todo eso. Parecía tan sencillo para ellos el asunto de la felicidad. Con beber cuatro cervezas y tocar culos bastaba. Con gastarse el dinero en materialismos estúpidos bastaba. Con recibir un beso, una caricia, un mensaje al puto teléfono bastaba. Con ir al trabajo o a la escuela todos los días bastaba. 
Pero no para mí.
Injusticia, eso era. ¿Hasta dónde tendría que llegar para conseguir esa eterna sensación que la vida les había regalado?
Tan solo esperaba que, cuando me tocase a mí, viniese sin más; que la felicidad me embriagase hasta tal punto que se sintiera como una bala atravesándome el cerebro, rápida y limpia. Parándome a pensarlo eso era lo peor. Porque si la muy hija de puta llamase tímidamente a mi puerta, la recibiría semidesnuda, borracha y llena de cicatrices; y sin lugar a dudas la mandaría a tomar por saco de una patada.

viernes, 24 de octubre de 2014

?

¿Soy lo que queda de los huesos que no pude romper, o todo lo que está roto ya?
¿Soy lo exterminado o el exterminador?
¿Soy las letras de los libros o el espacio en blanco que hay entre ellas?
¿Y si mi concepto del yo, tal y como lo veo, estuviese formado por ambas opciones? 

La senda de la autodestrucción se convierte en algo ajeno a la razón cuando es vista desde lejos. Solo aquellos que la estudian en profundidad, por elección o imposición, con sus características y sus espantosas contradicciones, llegarán a comprender de qué se trata, en qué consiste y el por qué de su existencia. 

Esto es lo que hay dentro.

viernes, 17 de octubre de 2014

you+me

quiero sentir que estás aquí,
que estoy aquí,
que estamos juntos en el mismo lugar

quiero verme en los espejos,
verte en mis manos,
en mis ojos

quiero tocar el mundo
y que el mundo me toque a mí
sentir que estoy viviendo
y no
durmiendo
todo el rato

quiero dejar de escribir porquería
dejar la bebida, el tabaco
la música que induce al llanto
las películas torcidas
los callejones oscuros
todas esas cosas
ya sabes

sí,
lo sabes mejor
que nadie.

viernes, 10 de octubre de 2014

Oh.

Si hay algo de lo que ningún ser vivo puede escapar es el tiempo. Parece que no terminamos de acostumbrarnos a ver pasar las agujas del reloj, a las noches y a los amaneceres, a los finales del año. No entendemos ni queremos entender que todo tiene un principio y un final. Quizá el problema sea aferrarse demasiado a las cosas, idealizarlas, imaginar que siempre estarán ahí. Hablo de las relaciones con las personas, sobretodo. ¿Hay algo más aterrador que desprenderse de alguien a quien, en algún momento, llegamos a necesitar?

Suelo pensar mucho en todo esto. 
Una vez comprendí que todo lo que empieza, se desarrolla y muere. Y no hay nada que pueda detener ese proceso. 
Te tenía. De veras. No era capaz de imaginar aquél corte en el tiempo, aquél final. Ah, final; qué palabra más espantosa. De la noche a la mañana todo acabó y los recuerdos empezaron a pasar corriendo por delante de mis ojos. Ya no había nada que hacer. 
Tal vez sea impotencia. La rebeldía tan humana de ignorar su humanidad, de resistirse a la vida y a sus leyes destructivas. Posiblemente sea ese sentimiento de desesperanza y soledad cuando las cosas se terminan, cuando las relaciones se diluyen; cuando te miro y ya no te veo. Porque a pesar de compartir conversaciones, de dormir juntos, de tener lazos aparentemente indestructibles, yo ya he visto cómo se está muriendo. ¿Y qué queda, entonces? ¿La resignación? ¿La apatía?

Sinceramente no soy capaz de determinar qué es más doloroso - si un final abrupto y precipitado o algo paulatino; pero si tuviese que decidirme, sin duda alguna elegiría la segunda opción. Porque lo sabes, porque lo sientes, porque lo hueles en el aire. Porque hagas lo que hagas ya empezó la cuenta atrás y eso que amas, admiras, necesitas o incluso odias, se evapora como el humo de un puto cigarro. Se va. 

Y hay algo que me pregunto.
Cuando toda esa mierda decide desaparecer, ¿a dónde se marcha? ¿a dónde vamos nosotros?

"Y ya, tumbado otra vez en el lecho del desorden, observaba los pequeños astros luminosos que colgaban del techo en mitad de la oscuridad, escuchando cómo se repetía en la siniestra habitación cerebral de mis archivos más secretos, una y otra vez, aquella sentencia; del azul del cielo al negro de la nada."

"Ya ha pasado un tiempo desde que fui a verte

No sé donde, pero no estás conmigo
Escuché una voz, como un eco
Pero venía de mí."