domingo, 21 de junio de 2015

te pensé un poco

si tuviese ese poder de
entender las despedidas
los finales
los punto y aparte
si pudiese aceptarlo y
seguir como si
nada
creo que los cafés sabrían menos
amargos
las mañanas no serían tan insoportables
y todo sería
en definitiva
mucho más fácil

miércoles, 17 de junio de 2015

otro día más. [extractos]

No me sentía bien. salí de esa casa con la idea de no volver nunca, una idea estúpida y poco coherente, en algún sitio habría que comer y dormir y no estaba dispuesta a guarecerme en un arbusto de cualquier parque. me quedaba algo de dignidad. caminé por las calles sin nada concreto en la cabeza. quizá tomar aire fresco me curase un poco la enfermedad, quizá me entrase sueño. no consigo dormir. me pregunto cuántos años más aguantaré de esta manera sin ingresar en un manicomio. dicen que el insomnio acaba pudriéndose tanto que te provoca alucinaciones, visiones extrañas, cosas fuera de lugar. me inquieta la idea de llegar hasta aquí, pero es factible: van pasando los años. he perdido la cuenta. bueno. no hay nada que hacer y tampoco quiero volverme una drogadicta, ya dije que me quedaba dignidad, una estúpida, muy estúpida. giré en dirección Sol. no sé por qué, pero me encantaba ese lugar; si eres de Madrid sabrás qué quiero decir. a todo el mundo le gusta andar por allí sin hacer nada especial. cuando llegué, me entró la risa. las luces artificiales se reflejaban en el suelo, no había nadie por allí salvo parejas cogidas del brazo, todo en silencio, quizá interrumpido por algún coche, no sé. daba un aire romántico totalmente falso. Madrid no es romántico, sincero. es una máquina de almas rotas, un hospital gigante envuelto con un papel muy atractivo. pensé en ello mientras atravesaba la plaza y me perdía por algún callejón que no reconocí. iba demasiado borracha para entender mis pasos, está claro. me acordé de gente. ¿cuántas veces me he encontrado con personas en esa boca de metro? ¿cuántas de ellas se acordarán de mi silueta esperando cada vez que pasan por allí? en fin, es todo muy triste y no soy capaz de digerirlo. quizá una cerveza me alivie, pensé, y entré en un bar oscuro. la gente no está acostumbrada a ver a una chica sola y joven bebiendo en la barra sin nada que decir. es como que les da vergüenza ajena salir a hacer su vida sin un acompañante, y les incomoda verlo. yo lo hago todo el rato, no me queda otra; no me gusta nadie. en lo más profundo y negro de mí, esto es una certeza. que se queden en sus casas, en sus discotecas, en sus camas follando, en sus parques, en sus escuelas, no me interesa. cada uno va a lo suyo. 
   mi idea era beberme una, pagar y volver a casa; no sucedió. por el contrario seguí pidiendo y bebiendo como si fuese una medicina desagradable que hay que tomar. noté en la cara del hombre que empezaba a preocuparse. hizo un amago de hablarme pero lo corté rápido; no quería que tirasen del hilo. cuando bebo es extremadamente fácil hacerlo. es un problema serio, ¿sabes? he destruido en segundos amistades por ese sincericidio mío. que se jodan. que se jodan todos. otra más y nos vamos. un total de quince pavos o más, no sé. me voy a arruinar. me levanté del taburete y de un salto bajé al suelo, notando que se me había subido la falda. antes de irme se me acercó alguien. seguro que es por mi culo, tengo un buen culo, me dije, pero no era eso exactamente;
   —oye, ¿qué te pasa?
   —¿eh?
   —bueno, te he visto sola y no sé, em... ¿qué tal? ¿va todo bien?
   —ah, es eso. sí, tranquilo. 
   hablamos un rato en la puerta del bar. para mí era una situación incómoda, ridícula e innecesaria, pero notaba en sus ojos que realmente se estaba interesando, lo cual me halagó. no hubo nada inusual en sus palabras, no llamó mi atención lo más mínimo, y aún así le pedí que me acompañase a casa. en el camino de vuelta hubo alguna risa, preguntas y demás estupideces ingenuas. conforme íbamos llegando me imaginé cómo sería en la cama. tenía cierto morbo, no nos vamos a engañar. pero hoy no, hoy no me apetece un carajo, solo quiero encerrarme y morir. qué idiotas y tiernos son los tíos. enséñales un cacho de culo y sé sincera, no habrá mucho más que decir. las tías saben eso, en lo profundo de su ser hasta las más imbéciles conocen esta información y la aplican, ya lo creo que la aplican. luego la gran mayoría se harán las locas como si no hubiesen roto un plato. qué asco de mundo. el engaño y la embaucación en cada segundo. me despedí en el portal de forma neutral, él se decepcionó, yo subí las escaleras. es el fin de otro día inmundo. me tiré en el colchón, observé el techo un rato, pensando, siempre pensando. luego vomité. a ver qué se cuece mañana.

“depression is boring, i think,

and i would do better to make
some soup and light up the cave.”

sábado, 13 de junio de 2015

es de noche.

arranqué pulmones
corazón, entrañas
hígado
huesos
tendones y carne

quería preservar el espacio
para la peste que
cada día crece
en mi 
interior
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la muerte y los
monstruos
en cada esquina de la
habitación
sueños inmundos 
los veo;
están aquí
aquí
conmigo
puedo oler su putridez
veo sus rostros desfigurados
escucho los gemidos
y gritos
noto la violencia
el impulso nocivo de la
destrucción
quieren que agonice
de terror
que se me pare el corazón
notar el bloqueo
no poder hacer absolutamente
nada

siempre tienen la misma 
identidad
pasan los años
puedo reconocerlos como hacía
de niño
nada cambia;
a veces creo con total seguridad que
estoy loco
pero esos momentos en los que
nos encontramos
parecen más irreales que un
sueño profundo
más lejanos de la vida y lo que siempre
conocí
no tiene algún sentido ni
necesita tenerlo;
existen
se esconden
y vienen

llegados a este punto no creo
que dejen de
hacerlo nunca.
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escucho debajo de la sábana
un crujido de huesos
cuerdas vocales rotas;
oscuridad;
sombras;
una
forma
allí.

cosquilleo en los pies
dicen, graciosos,
que corra
no puedo, respondo
es demasiado
siempre
joder, siempre
ha sido demasiado
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la voz despierta
la voz interrumpe
la voz alerta;
cuánta obscenidad y pena y amargura
y soledad 
sobretodo aquélla
hay en esa 
voz.


si la oscuridad me prometiese
tu mundo
aceptaría ahogarme
en ella.

sábado, 6 de junio de 2015

.

La gente suele decir que lo que más recuerda del otro son sus besos, sus caricias, sus abrazos y sus palabras bonitas. Puede ser. Pero, a decir verdad, con el tiempo he aprendido a valorar otro tipo de cosas de ti que se me clavan un poco más hondo, si cabe, que las demás. Cosas tan tontas como verte actuar, moverte por la casa, pedir la cuenta en un restaurante, contarme cosas de tu infancia, verte reír, vestirte, responder un mensaje en el móvil. Tal vez esté tan acostumbrada a tu intimidad que esos momentos se hacen anormales y, no sé, me gustan. Me hacen pensar que estás tan atado a este mundo tonto como yo. Como todos, joder, como todos.

lunes, 18 de mayo de 2015

Kitchen

Hace poco palpé,  por primera  vez,  con  mis  manos  y  con  mis ojos,  un mundo amplio, una oscuridad profunda y un goce y una soledad sin fin. Me  parece  que,  hasta  ahora,  he  estado mirando el  mundo  con  un  ojo cerrado.
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Arropada  entre  las  mantas,  pensé  que  era  divertido  dormir,  también aquella noche, al lado de la cocina, y sonreí. Pero no había soledad. Quizá porque esperaba algo. Quizá porque estaba esperando tan sólo una cama donde poder olvidar, por un instante, las cosas que habían sucedido hasta
entonces, las que vendrían después. Al tener a alguien cerca, la soledad es más  cruel.  Pero  había  una  cocina,  plantas,  había  otras  personas  bajo  el mismo techo, paz y… es better. Sí, esto es better.
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Por más  jovial que fuera  la convivencia entre nosotros,  fui consciente bastante pronto, aunque nadie me lo hubiera explicado, de que un  silencio  escalofriante  que  se  respiraba  en  los  rincones  iba llenándolo todo, y de que había un vacío que no se podía llenar.


 En este camino escarpado, realmente oscuro y solitario, me daba cuenta de que la única salida era hacer algo brillante. Me habían criado con amor, pero siempre me había sentido sola.
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Mi  manera  de  actuar,  al  enamorarme,  siempre  ha  sido  la misma: atravesar un sitio corriendo muy deprisa. Pero, al igual que las estrellas que se entrevén a través del cielo nublado, con cada conversación parecida a la de ahora, quizá lo vaya queriendo poco a poco. 
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—Mikage, espero mucho de ti, por eso he tenido ganas de decírtelo. Yo también,  cuando  tenía  a  Yûichi  entre  mis  brazos,  mientras  lo  criaba,  lo comprendí, ¿sabes? Hay muchas cosas amargas, muchas. En realidad, una persona  que  quiera  independizarse  tiene  que  cuidar  de  algo, ¿sabes?  De niños, o de plantas, algo. Así conoces tus propios límites. Éste es el principio de todo.

Me explicó su filosofía de la vida en un tono cantarín, como una canción.
Me emocioné y dije:

—Hay muchas cosas duras, ¿verdad?
—Pues sí, pero una persona tiene que estar completamente desesperada una vez en su vida y,  entonces, sabe a  qué  cosas  de  sí  misma no puede renunciar.  Si  no,  llegará  a  la  madurez  sin  saber  qué  es  realmente  lo importante. Yo he tenido suerte, ¿no crees? —dijo ella. El cabello que caía sobre su hombro ondeaba—. Hay muchas cosas que…, creo que hay cosas tan  desagradables que  parecen  estar  podridas.  Hay  cosas  tan  duras  que dan ganas de apartar la vista. Ni siquiera el amor puede salvarte del todo.

-B. Yoshimoto

miércoles, 13 de mayo de 2015

de mi recopilación oculta

EL AMANTE BORRACHO

la gente me dice
que el dolor es
algo punzante e intenso.

me dicen que la rabia
mueve océanos
y hace que la tierra
se quiebre.

dicen también
que la felicidad funciona
igual.

y bueno, entiendo que
todas esas emociones lleguen
y la primera toma de
contacto
sea como un golpe
de un amante borracho
en el vientre
pero después
de eso
¿qué hay?

el primer puñetazo
siempre sorprende
(si te pilla
desprevenido)
pero luego me
resulta
más cómodo y coherente
y natural
tumbarme a recibir
sin sentir

nada.

viernes, 1 de mayo de 2015

hey wait...

Hoy te vi.
Ibas del brazo de una chica. Ella te agarraba como si quisiera retenerte y tú mirabas hacia la nada. Me pareció que ibas perdido dando tumbos sin buscar nada en concreto, esperando a que algo interesante pasase. No sé de qué te estaría hablando ella. Al principio iba bien. Te seguí unos minutos, sorprendida, muerta de curiosidad y, por qué no decirlo, terriblemente asustada. Deseaba que dejases de escuchar a esa chica y girases la cabeza en mi dirección. Que nuestras miradas se encontrasen de nuevo en una casualidad de lo menos casual. 
Entiéndeme un poco, pensé. Hace meses que no hablamos. Hace meses que nos apartamos del mundo un rato para drogarnos y beber y follar y hacer cosas que no tenían demasiado sentido, y desde entonces te perdí la pista. Joder, ni me acuerdo de tu nombre. 
De tal manera que te seguí como un depravado haría con una cría al salir del colegio. Ella se alejó un rato y pudimos, por fin, cruzar esa mirada que tanto me merecía la pena. Y ahí estabas. Tú, todo tú, entero y sin letra pequeña. ¿Sentiste ese tumbo al corazón? Yo un poco. Sentí que me pertenecías y te pertenecía y me puse algo cachonda y algo triste y murmuré qué cojones estoy haciendo con mi vida que ya voy borracha otra vez. Me dieron ganas de escapar, de darme la vuelta y huir de aquella memez, pero era demasiado tarde. Ya estabas andando en mi dirección. Te cogí de la mano sin decir nada y corrí, corrí para alejarte de ella. Que le jodan, maldita sea. Había mucha gente a nuestro alrededor pero yo me sentía desvastadoramente sola, y noté que tú también. Así son las cosas. Es el rollo, el nuestro, quiero decir. Entramos en un callejón y tiraste de mí. Querías besarme, meterme algo de mano y preguntarme cómo me iba la vida a pesar de la evidencia. Pues bueno. Lo acepté todo sin sonreír demasiado. Y entonces, de repente, esa ansiedad idiota por saber tu nombre para acordarme y gemirle a alguien en concreto desapareció. Lo que de verdad me interesaba era tenerte unos segundos para mí sola y contarte lo mucho que te había imaginado apareciendo por alguna calle de Madrid del brazo de una chica. 

Y es que hay veces que no se necesita un café para hablar, una cama para follar, un te quiero para querer o mil años para confiar en alguien. Esos segundos en los que conseguí secuestrarte bastaron para hacer todas esas cosas. 
No paro de preguntarme cuándo la casualidad me golpeará en la cara de nuevo y me regalará otra vez esa forma tuya de desgarrarme la vida.